María Eugenia Vidal no tiene paz con sus aliados radicales



La gobernadora bonaerense no termina de anudar los acuerdos que le permitan una relación armónica con sus aliados en Cambiemos. Los conflictos. Lo que quiere cada uno. Las internas que no cesan.

Dicen que nunca hubo romance. Que la relación entre ellos nació, creció y sigue existiendo por la necesidad de sobrevivir, más que por coincidencias programáticas. Lo cierto es que el Pro y la Unión Cívica Radical bonaerense son dos socios en conflicto permanente desde aquel 25 de octubre en el que, unidos, derrotaron al peronismo, que parecía invencible en la provincia más grande y poblada de la Argentina.

Algunos radicales definen con duras palabras la situación: “pan y agua para el radicalismo”, describen. Tantas quejas permiten avizorar la afición del centenario partido por las rencillas internas, que muchas veces los condenaron en el pasado a sufrir divisiones, derrocamientos y, desde 2001, una crisis política que los mantiene al borde de la extinción.

De todos modos, más allá de sus discordancias, también es cierto que los radicales tuvieron un rol importante en el triunfo en las elecciones, en especial por la fiscalización que desarrollaron ese día y por la logística que aportaron en todos los distritos, máxime cuando es sabido que si de algo carecía y carece el Pro es de despliegue territorial.

Conocedora de los vaivenes de sus aliados, la novel gobernadora María Eugenia Vidal pidió a la conducción del radicalismo un interlocutor único para tratar el reparto de las funciones de gobierno. Esto, que ocurrió inmediatamente después de la victoria electoral, le fue concedido y el designado fue su vicegobernador, Daniel Salvador. El problema apareció pronto, cuando empezaron a golpearle la puerta los nosiglistas, los alfonsinistas y los storanistas, que le condimentaron una ensalada casi indigesta con sus reclamos.

Antes, cuando Cambiemos era apenas una novedad política, el Pro había designado una fórmula electoral bonaerense “pura”, en la que Cristian Ritondo era el número dos de Vidal, pero ésta debió escuchar enseguida el reclamo airado de los hombres de la boina blanca, que tuvieron éxito en ubicar allí a Salvador (nunca tan pertinente un apellido), desplazando al actual ministro de Seguridad a esta cartera, precisamente.

Finalmente, a Salvador lo acompañó sólo el ministro de Producción, Jorge Elustondo, en la conformación del gabinete. Los radicales también habían pedido ubicar a uno de sus hombres en el Ministerio de Salud, pero allí un guionista perverso armó una comedia de enredos, en la que los radicales debieron presentarle varias ternas de candidatos a Vidal, que se encargó de desdeñarlas metódicamente hasta que se decidió por la epidemióloga apolítica sanjuanina (?) Zulma Ortiz y desató otro conflicto con sus aliados.

Mientras esto ocurría, Elustondo debía defender a capa y espada los nombramientos de sus cinco subsecretarios, de los cuales el Pro logró arrebatarle alguno.

Cuando hubo que decidir sobre las autoridades legislativas, el conflicto volvió a desatarse. De todos modos, los radicales lograron ubicar allí al senador Carlos Alberto Fernández como vicepresidente primero y al diputado Manuel Mosca como vicepresidente de la cámara baja. Lo mismo, la batalla para lograr tan módicos objetivos fue más dura que lo esperado. La candidata de Vidal para el Senado era Nidia Moirano, una ex denarvaísta que consiguió la reelección integrando la lista de Cambiemos.

El capítulo final de esta historia será, por ahora, el reclamo por obras en los distritos que llevarán adelante los intendentes radicales. Será bueno recordar que Cambiemos obtuvo 64 municipios, de los que 41 quedaron en manos de los seguidores de Raúl Alfonsín.

Días antes del balotaje se realizó una reunión en la capital entre los 64 intendentes y Horacio Rodríguez Larreta, Jorge Macri, Marcos Peña y la gobernadora recién electa. En ella, Vidal prometió que mantendrá un “vínculo de diálogo y respeto” durante su gestión.

El cierre del encuentro estuvo a cargo del vicegobernador electo, Daniel Salvador, que es, hoy por hoy, el hombre fuerte del radicalismo bonaerense. Éste les pidió a sus correligionarios jefes municipales “asegurar la gobernabilidad y acompañarla con buenas gestiones”.

Más allá de las buenas intenciones que manifiestan cotidianamente los actores ante los micrófonos, lo concreto es que el conflicto ha seguido escalando y no tiene por ahora trazas de detenerse. Uno de los síntomas más graves que muestra esta pelea se visibilizó después de la crisis provocada por la fuga de los asesinos de General Rodríguez, tras la cual ningún referente de la UCR salió a respaldar a la gobernadora, que en esta circunstancia necesita más que nunca de los apoyos políticos.

Lo más curioso es que el Pro no está precisamente sobrado de cuadros políticos con capacidad de gestionar el Gobierno y, peor aún, existen aún cientos de cargos vacantes en la administración pública provincial. Para muestra basta enumerar que existen 78 hospitales que todavía conservan a los mismos directivos que nombró Daniel Scioli, a pesar de que Vidal fue muy crítica de su gestión en esta área. Esta situación motivó la denuncia del Comité Provincia de la UCR, que antes había solicitado conducir, precisamente, el Ministerio de Salud.

Por estos días, el máximo logro del vicegobernador, Daniel Salvador, fue sumar al gabinete al director provincial de Reforma Política, adonde fue a parar el ex precandidato de intendente de Berazategui, Gustavo González, que le responde directamente. A pesar de esa pequeñísima victoria, sus propios correligionarios vienen cuestionando a Salvador, acusándolo de jugarse sólo por los dirigentes más cercanos a él y no por todos.

Esta suma de mezquindades y ambiciones con poco contenido político sólo servirá para entorpecer un Gobierno al que no le sobra nada. La buena noticia es que aún se encuentra transcurriendo sus primeros 100 días, en los que los reclamos de los bonaerenses todavía no empezaron a llegar. (Noticias Urbanas http://goo.gl/brQW9t)

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