Aranguren, el ingles de los pozos

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(Por Leo Azalone) Definitivamente no todo tiempo pasado fue mejor. Pero la cuestión energética es una de esas excepciones que confirman la regla. Argentina supo ser pionera y modelo. Hoy se sume en la pobreza energética y en el negocio de algunos.

Allá por 1932 dirigentes opositores al gobierno de Agustín. P. Justo ya denunciaban que las dos empresas energéticas que existían por aquellos momentos accionaban para evitar cualquier intento de regulación en el negocio. Una historia que se repite.

Por aquel entonces, inclusive un poco más atrás, ya se hablaba de dos cuestiones que volvimos a escuchar mucho después del advenimiento de este nuevo siglo: la ineficiencia de las compañías y la falta de regulación.

Yrigoyen, Perón, Mosconi, Huergo, Frondizi…Argentina era un modelo para el mundo en materia de hidrocarburos, hasta que la convicción liberal que siempre se pregona, pero que en Argentina nunca funcionó, se hizo sentir.

Juan José Aranguren supo ser el preferido de Mauricio Macri, el Presidente ha dicho en alguna oportunidad que su gabinete era “Aranguren y diez más”. Tal es el lazo entre ambos que cuando empezaron las críticas por sus desastrosas decisiones, el ¿ex? Shell le había presentado la renuncia a Macri y este no se la acepto. Vamos, Aranguren es Macri.

Quien fuera el operador de las petroleras es también el responsable de la pobreza de varios compatriotas, es quien, fundado en una premisa liberal y mentirosa, que en este gobierno repiten sin mirar los datos, aumentó los combustibles casi un 100% en dos años, con los colosales desequilibrios que esto significó. El oportunista empresario había liberado los precios de las naftas.

Se pretendió, y Aranguren aceptó tal vez por ser juez y parte, que la energía debía pagarse lo que cuesta producirla. Esto que suena lógico, no se hace así en ningún país de los que el gobierno busca reflejarse.

Las transferencias para alivianar el precio de las tarifas energéticas son una práctica extendida. Entre los países del G-20, los subsidios a los combustibles fósiles promediaron los USD 1000 por habitante en 2015, de acuerdo con un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI).

La cifra es superior a lo que Argentina destina por habitante para aliviar el costo de la energía. En 2015 los subsidios eran apenas superiores a los USD 400 per cápita. En 2018, tras la quita de recursos fijada por el macrismo, las transferencias de recursos por parte del Estado serán de USD 200 por habitante.

La razón de que Aranguren pretendiera, y Macri avalara, subas impresionantes de los combustibles son varias. La primera responde a esa perversa cuestión de la meritocracia, “quien pueda pagarlo, que lo pagué, quien no, que se joda”.

La segunda, sin caer en lugares comunes, es que Macri y sus amigos, tienen empresas energéticas. No solo Shell, la casa del ahora ex ministro, sino, por ejemplo, Central Puerto S.A, donde Nicolás Caputo, “hermano de la vida” del presidente es accionista, empresa que mejoró un 32% sus ganancias durante el primer año de gestión de Macri, triplicándose (98%) en el segundo.

La tercera, es la que pretendieron mostrar como lógica, aumentar los precios haría que se produzca más, suena lógico, pero en la Argentina M, nada es lo que se dice. Aranguren sostuvo que el aumento de los precios mejoraría la oferta de gas y petróleo, pero según estudios de “Valores Consultores”, esto está lejos de ser así.

Datos y hechos nos demuestran que no hubo “revolución energética”, solo negocios de los mismos de siempre con el Estado, con la ventaja que ahora ellos mismos son el Estado. Nunca antes Shell gozó de tanta hegemonía ni tuvo las ganancias que consiguió como en tiempos de Juan José Aranguren. Lo mismo con la empresa de Caputo o Pampa Energía.

Hasta este gobierno, excepto las contadas ocasiones antes mencionadas, nunca existió una política energética, entendida como el establecimiento de objetivos, de políticas públicas en búsqueda del desarrollo nacional, que apunte a la Justicia Social. Pero ahora fue peor, se pasó de la nada al negocio de la casta, perjudicando a los de siempre.

Juan José Aranguren deberá ser recordado como un mediocre ministro, culpable de la desgracia de un montón de argentinos. Nuestra tarea es la de pensar el país que queremos. Si anhelamos producción, ciencia y no sólo el modelo agroexportador, la energía es central y para eso hace falta algo más que un master en alguna prestigiosa universidad o una bonita tarjeta personal con el título de CEO.

Sobre el Publicador

Darío Franco Medina
Maestro Mayor de Obras (Master Builder) | Propietario y Editor General | Webmaster, Networker & Social Media Optimizer (SMO), Community Manager (CM) | Editor gráfico para Editorial Red Literaria | RRPP y SMO para Kureiji No Eventos
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