La decisión de Cristina Fernández de Kirchner (CFK)de postularse como candidata a diputada provincial por la Tercera Sección Electoral de la provincia de Buenos Aires en los comicios del 7 de septiembre de 2025 marca un giro decisivo en el escenario político bonaerense y nacional. La confirmación, realizada el lunes 3 de junio, coloca nuevamente a la expresidenta en el centro de la disputa electoral, con implicancias directas en la interna del peronismo, el posicionamiento frente al gobierno de Javier Milei y su propia situación judicial.
“Tenés que ir al lugar donde más servís en el momento en que es oportuno, apuntar a que el proyecto colectivo vaya para adelante”, justificó Cristina Kirchner al anunciar su candidatura. La movida es interpretada como un intento de recuperar protagonismo en un territorio históricamente afín, blindarse frente a amenazas judiciales y una mojada de oreja para disputar el liderazgo dentro del peronismo bonaerense, particularmente con el gobernador Axel Kicillof.
El peso electoral de la Tercera Sección

La Tercera Sección Electoral representa el núcleo más populoso del conurbano bonaerense y un bastión tradicional del peronismo. Incluye 19 municipios como La Matanza, Lomas de Zamora, Quilmes, Avellaneda y Lanús, con un padrón de 4.845.998 personas habilitadas para votar. Este caudal electoral equivale al de once provincias argentinas combinadas.
En las elecciones de septiembre, se renovarán 18 bancas en la Cámara de Diputados provincial en esta sección. El dominio peronista en la zona ha sido constante: controla 17 de los 19 municipios, lo que subraya la importancia estratégica de esta candidatura en términos de consolidación territorial.
“La Tercera Sección está subrepresentada, como todo el conurbano bonaerense”, afirmó la expresidente, en un intento de justificar su desembarco en un distrito donde sus chances de victoria son altas.
Interna caliente con Kicillof

La candidatura de CFK reavivó las tensiones dentro del peronismo bonaerense. Si bien el PJ domina la región, los intendentes no se encolumnan de manera unánime detrás de Cristina. Muchos de ellos apoyan a Kicillof, quien desde su espacio “Movimiento Derecho al Futuro” impulsa una renovación con eje en la gestión.
Entre los jefes comunales alineados con Kicillof figuran Mariano Cascallares (Almirante Brown), Jorge Ferraresi (Avellaneda), Juan José Mussi (Berazategui), Fernando Espinoza (La Matanza), Mario Secco (Ensenada) y Fabián Cagliardi (Berisso), algunos con posiciones abiertamente críticas hacia el kirchnerismo. “¿Usted cree que si jugamos todos los intendentes testimonial no ganamos? ¿Usted cree que no tenemos estrategia también?”, desafió Secco.

Del lado de CFK, los respaldos provienen principalmente de sectores ligados a La Cámpora y figuras cercanas a Máximo Kirchner, como Mayra Mendoza (Quilmes), Julián Álvarez (Lanús), y Federico Otermín (Lomas de Zamora). Este alineamiento no está exento de tensiones locales, como la ruptura del oficialismo en Brandsen tras el apoyo de Federico Raitelli a la expresidenta.
En este contexto, la tan mentada “unidad del peronismo” parece pender de un hilo, con señales contradictorias entre negociaciones de segundo nivel y declaraciones que avivan la confrontación.
El desdoblamiento electoral, otro eje de conflicto
La decisión de desdoblar las elecciones provinciales respecto de las nacionales, impulsada por el gobernador Kicillof, generó críticas por parte de Cristina y su entorno. “Si alguien tomó la idea de desdoblar porque pensaba que la oposición iba a ir dividida, bueno…”, ironizó la expresidente.
Eduardo de Pedro, senador de Unión por la Patria (UxP), calificó el desdoblamiento como una “decisión de trasnochados” y sostuvo: “Lo que más conviene es ir todos juntos. El tiempo para militar y los recursos no se pueden dividir en dos”.
La medida de Kicillof buscaba provincializar la elección y despegarla del contexto nacional. Pero con la irrupción de CFK, el resultado podría ser el opuesto: una fuerte nacionalización del debate político en la provincia más poblada del país.
Cristina versus Milei: una polarización anunciada

La candidatura de CFK también debe leerse en clave de confrontación con el gobierno nacional. “Es un marginal que se ocupa de los ricos”, disparó la exmandataria contra Milei, a quien acusa de replicar modelos económicos ya fracasados como la “tablita” de Martínez de Hoz o el ajuste de la Alianza.
La expresidenta intenta erigirse en el rostro de la resistencia al oficialismo libertario. En la Tercera Sección, Milei tiene escasas chances de imponerse, pero La Libertad Avanza (LLA) apuesta a reducir la diferencia. “Si superamos los 30 puntos en la Tercera, lo vamos a tomar como una victoria”, admitieron fuentes del oficialismo.
Para competir, LLA baraja el nombre de Iñaki Gutiérrez, un joven sin pasado político que buscan presentar como la “antítesis de Cristina”. El objetivo es captar el voto joven y desencantado con el peronismo tradicional.
La cuestión judicial y los fueros parlamentarios
La situación judicial de Cristina Kirchner introduce un factor de incertidumbre. La Corte Suprema podría confirmar una condena en su contra, lo que implicaría su inhabilitación para ejercer cargos públicos y eventualmente una prisión domiciliaria.
Frente a ese riesgo, su candidatura aparece como una estrategia para mantener fueros parlamentarios y evitar una eventual detención. Expertos constitucionalistas advierten que una condena firme inhabilitaría a CFK para cargos legislativos también, aunque la decisión final quedaría en manos de la Junta Electoral bonaerense si hubiera impugnaciones.
“El Código Penal no distingue entre cargos ejecutivos o legislativos; esa sería una especulación nueva e imposible de aceptar”, sostuvo un penalista consultado.
La Tercera como termómetro del país

El desenlace de la elección en la Tercera Sección será clave para evaluar el futuro del peronismo. CFK apuesta a un triunfo claro para relanzar su liderazgo. Pero una eventual derrota o una victoria ajustada complicarían ese objetivo y abrirían el camino a nuevas figuras dentro del espacio.
La polarización con Milei y la interna con Kicillof colocan a Cristina en el centro de dos frentes de batalla simultáneos. Al mismo tiempo, los intendentes deberán definir si priorizan la unidad o se embarcan en estrategias propias.
“El peronismo no puede darse el lujo de ir dividido en su bastión”, advirtió un dirigente del conurbano. Sin embargo, los plazos apremian: el 19 de julio vence el plazo para el cierre de listas, fecha que marcará si habrá listas de unidad o una fractura definitiva.
Un movimiento que también reordena el mapa peronista

La irrupción de Cristina Fernández de Kirchner en la contienda provincial impacta directamente en la dinámica del peronismo bonaerense. Si bien su decisión ha sido presentada por algunos como un “gesto altruista”, en los hechos representa una maniobra con múltiples lecturas: desde la consolidación de poder propio en un distrito seguro hasta un eventual reposicionamiento nacional en vistas a las elecciones de 2027.
En paralelo, obliga a los intendentes peronistas a definir sus lealtades. El reordenamiento ya ha comenzado. Intendentes como Fernando Gray, de Esteban Echeverría, se desmarcaron tanto de CFK como de Kicillof, promoviendo una “tercera vía” y exigiendo internas. «Cristina es de la Octava Sección, no debería venir a disputar en la Tercera», expresó, sumándose al coro de voces que cuestionan no solo el origen territorial de la exmandataria, sino también las motivaciones reales detrás de su postulación.
Por otra parte, figuras como Mayra Mendoza o Federico Otermín han redoblado su apoyo, interpretando la jugada como una forma de frenar el “daño” que —según ellos— el Gobierno de Milei estaría generando en los sectores populares del conurbano. Mendoza señaló que “el llamado entre Cristina y Kicillof fue necesario y productivo”, aunque otros actores cercanos al gobernador, como Mario Secco, negaron que haya existido tal diálogo.
En este sentido, la candidatura también sirve como una prueba de lealtad para muchos dirigentes peronistas. El riesgo de una ruptura real en el armado de listas provinciales está latente y dependerá en buena medida de las negociaciones en curso hasta el cierre del 19 de julio.
Las internas del peronismo bajo presión

El armado de listas en la provincia de Buenos Aires, particularmente en la Tercera Sección, suele estar sujeto a una compleja arquitectura de consensos, equilibrios territoriales y repartos de poder. La aparición de CFK como figura central altera esos equilibrios.
Kicillof, que venía consolidando un esquema autónomo dentro del peronismo —con fuerte apoyo de jefes comunales y dirigentes jóvenes—, ahora enfrenta el dilema de ceder posiciones o confrontar abiertamente con quien fue su mentora política. Algunos analistas interpretan que su decisión de desdoblar las elecciones fue una forma de despegarse de CFK y marcar una agenda propia.
Sin embargo, la candidatura de Cristina fuerza una relectura de esa estrategia. En lugar de provincializar la elección, la nacionalizó involuntariamente. En los hechos, obliga al gobernador a repensar su papel como articulador del espacio, especialmente si quiere garantizar una mayoría legislativa.
Desde sectores kirchneristas, en tanto, se insiste en que la expresidenta no busca disputar liderazgo alguno sino “sumar donde más puede aportar”. Pero la presencia de CFK en el territorio también activa resistencias: muchos dirigentes entienden que su figura ya no genera consensos automáticos como en el pasado y que una imposición sin acuerdo podría derivar en derrotas innecesarias.
Impacto nacional: una elección con efecto cascada
Lo que ocurra el 7 de septiembre en la Tercera Sección tendrá efectos directos en el escenario nacional. La elección se transformó, por la sola presencia de CFK, en un test electoral para el Gobierno de Javier Milei, pero también en un plebiscito interno para el peronismo.
Una victoria contundente de Cristina podría ser leída como un freno al oficialismo libertario, pero también como una validación de su liderazgo dentro del PJ. En cambio, un resultado más ajustado —o una derrota— abriría el camino para nuevas figuras en el universo peronista.
En este sentido, el oficialismo nacional ya definió que su objetivo será “no perder por más de 20 puntos”. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y el vocero presidencial, Manuel Adorni, consideran que la candidatura de CFK es una reacción desesperada y que el modelo kirchnerista está agotado.
Por su parte, el peronismo busca retomar la iniciativa. Algunos intendentes de la Tercera, sobre todo los más dialoguistas, ven en esta elección una oportunidad para reconstruir la identidad partidaria y resistir desde lo local a las políticas de ajuste del gobierno nacional.
Conurbano: territorio de batalla política y social

El conurbano sur, núcleo de la Tercera Sección, es una de las zonas más castigadas por la crisis económica. Según datos del censo 2022, varios municipios registran altos índices de pobreza, falta de acceso a servicios básicos y una baja cobertura educativa, factores que inciden directamente en el humor social.
Allí, el voto no solo es ideológico: también es reactivo. Las promesas incumplidas, la fragmentación política y la inseguridad cotidiana son elementos que condicionan a oficialismos y oposiciones. El desafío para cualquier candidatura —incluso para CFK— es reconectar con esa base electoral desencantada que en los últimos años ha oscilado entre la abstención, el voto protesta y el respaldo a opciones antisistema.
En ese marco, La Libertad Avanza apuesta a un discurso de renovación, con candidatos jóvenes como Iñaki Gutiérrez. “Queremos un pibe sin pasado político, que sea la antítesis de Cristina”, reconocen en el entorno libertario. Buscan evitar la confrontación directa y más bien posicionar un relato de cambio generacional y ruptura con el sistema tradicional.
Una elección bisagra
En conclusión, la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner en la Tercera Sección Electoral funciona como una pieza que desata una reacción en cadena en el ajedrez político bonaerense y nacional. No se trata solo de una diputación provincial, sino de una jugada que puede redefinir los liderazgos, las alianzas y el rumbo del principal partido opositor en Argentina.
Con los plazos corriendo, los distintos sectores del peronismo deberán resolver si hay unidad, ruptura o tercera vía. Al mismo tiempo, Milei y sus aliados medirán su capacidad de penetrar un territorio históricamente hostil.
El 7 de septiembre será más que una elección provincial. Será una batalla por el sentido del peronismo, una evaluación del presente y una apuesta hacia el futuro político del país.
Perspectivas y desafíos
Mientras tanto, el electorado de la Tercera Sección enfrenta condiciones sociales adversas. Altos índices de pobreza, falta de servicios básicos y bajos niveles educativos hacen de la región un terreno propicio para discursos polarizantes.
En este escenario, Cristina Kirchner busca capitalizar su vínculo histórico con el electorado del conurbano profundo. Pero también se expone a críticas que la acusan de utilizar una candidatura provincial como refugio político. “Ella juega donde sabe que gana”, deslizó un referente peronista con tono escéptico.
La campaña ya comenzó, aunque no oficialmente. En las próximas semanas, será determinante ver si se consolida un frente único peronista o si el quiebre interno termina favoreciendo a los adversarios externos. Lo que está en juego no es solo una banca en la Legislatura bonaerense, sino el liderazgo del peronismo en el mayor distrito electoral del país y su proyección hacia 2027.

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