En menos de dos meses, Randazzo perdió el grueso de su tropa de intendentes

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De todos los que había reunido, solo le quedan cuatro leales. El kirchnerismo busca acorralarlo y llevarlo a una lista de unidad en las primarias con CFK como candidata.

(Letra P) 26 de abril de 2017. En una sala del Hotel NH Bolívar, en pleno centro porteño, el ex ministro del Interior y Transporte de la Nación, Florencio Randazzo, reunía a más de diez intendentes, a seis senadores provinciales y diez diputados del mismo rango, entre otros dirigentes. Allí se dejaba filmar para decir que el “enemigo” es el presidente Mauricio Macri. Randazzo se había lanzado a la campaña. 36 días después de esa reunión, el chivilcoyano -que insiste con una interna dentro del peronismo- perdió apoyo dirigencial. Solo le quedan cuatro jefes comunales aliados.

Randazzo sigue sin hablar públicamente. Lo que se conoce de él sobre candidaturas y posicionamiento se sabe a partir de sus múltiples voceros y de las cuentas de twitter paraoficiales. Por ahora, el funcionario de la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner no sale a la cancha. El kirchnerismo, con la estructura del PJ detrás, busca aislarlo y llevarlo a una lista de unidad. Él y los suyos resisten. En esa disputa, son minoría.

De los 11 intendentes que había reunido en aquella reunión, le quedan cuatro leales. De esos cuatro, dos son del conurbano y dos, del interior. Gabriel Katopodis (San Martín) y Juan Zabaleta (Hurlingham), por un lado, y Eduardo «Bali» Bucca (Bolívar) y Alfredo Fisher (Laprida), por el otro. El resto pide por CFK candidata a senadora nacional. El jefe comunal de San Martín le dijo a Letra P que «al peronismo le fue mal cuando armó las listas entre cuatro paredes».

POR QUÉ SE FUERON. La partida más rutilante es –quizá- la del intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde. Esa fuga viene de la mano de la disgregación del Grupo Esmeralda, aquel espacio de jefes comunales que asomó a medidados del año pasado como la renovación del peronismo. Desde el vamos, el bloque tenía sus esperanzas en Randazzo como candidato. Pero el ex ministro se hizo desear.

Después, la aparición de nuevos agrupamientos de jefes comunales empezó a meterse en la discusión sobre cómo reconstruir el peronismo tras la derrota electoral de 2015. Un dirigente que participaba de ese espacio fue tajante: “Hicimos todo mal”.

Habla a la distancia. Hoy, del Grupo Esmeralda no queda nada. Tres intendentes (Katopodis, Bucca, Zabaleta) impulsan a Randazzo como candidato y son las voceros del ex ministro. Algunos peronistas creen que esos tres nombres son la guardia pretoriana del ex ministro, que, además, no considera al resto de los intendentes. Los que completaban ese espacio, además de Insaurralde (Juan De Jesús, de La Costa; Fernando Gray, de Esteban Echevarría; Mariano Cascallares, de Almirante Brown) empezaron a mirar encuestas, sobre todo del conurbano, en las que Cristina lideraba la intención de voto en la oferta peronista, y se hicieron habitués en las reuniones que se hicieron en el quincho del diputado nacional Juan Cabandié, en las que Máximo Kirchner oficiaba como voz cantante. Ahí empezaron a desplegar la idea de una lista de unidad en las primarias. Esta semana, el intendente de Lomas jugó fuerte: «Quiero ver a Cristina en el Congreso», dijo el martes.

Randazzo pide internas en las PASO. El kirchnerismo intenta exponerlo como un dirigente que va contra la corriente, que frustra la unidad. El randazzismo, con el dirigente del Movimiento Evita Fernando «Chino» Navarro como uno de sus voceros, aclara que la unidad “es necesaria”, pero que “el gran debate es cómo se construye”. Dice, además, que “primero hay que debatir, dejar que el pueblo vote y en agosto, con los resultados puestos, todos nos uniremos”, porque, como el resto de los peronistas/kirchneristas, opina que “el rival a derrotar es Macri”.

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