En septiembre de 1880, una barca alemana llamada Margaretha encalló frente a una playa vacía del Atlántico. No había pueblo ni había calles ni un solo rancho. Solamente arena, médanos y, ahora, un barco partido con dos pianos, ciento sesenta cajones de muebles, barriles de pólvora y planchas de bronce. Una carga absurda para un lugar vacío que, muchos años después, podés conocer si buscás pasajes a Mar de Ajó (haciendo clic en este enlace).
El naufragio que le dio nombre a una playa

¿Lo curioso? Ese naufragio le dio su nombre a todo. La playa donde quedaron los restos se empezó a conocer como Playa Margarita. Después vino la patrona de la parroquia, Santa Margarita María de Alacoque. El primer hotel también se llamó La Margarita. Y recién en 1935, medio siglo más tarde, se fundó el pueblo.
De Playa Margarita a Mar de Ajó

No, no se llamó Margarita. Isaías Ramos Mejía y Rafael Cobo remataron lotes en los fondos de la estancia El Centinela. Le pusieron Mar de Ajó por la ría que conectaba con General Lavalle.
Una característica que marca toda La Costa es que tiene un problema de erosión serio. Algunas de las causas fueron la urbanización temprana, la extracción de arena y, por supuesto, el clima. Por eso, en 2004, se prohibió construir en varios tramos del frente costero, incluyendo zonas de Mar de Ajó, para mitigar las consecuencias.
Cuando el mar devuelve la historia

En el plano histórico, esta erosión, en vez de borrar el pasado, lo fue desenterrando. Cuando baja la marea todavía podés ver las cuadernas del Margaretha asomando en la arena o los restos del Vencedor, que fue un buque que encalló en 1936. Hoy, sus mástiles forman el Monumento a los Caídos en el Mar. La playa te devuelve cosas. A veces fierros oxidados de otro siglo. A veces fósiles de 10 mil años terminan en el Museo y Archivo Histórico, donde conviven gliptodontes con fotos de los primeros pobladores.
Mar de Ajó cumplió 90 años en diciembre del 2025. Tuvo su acto en la Plaza de los Pioneros, donde habló Clelia Maxit, hija del primer delegado municipal. La costanera donde se hicieron los festejos tiene hoy una escultura de una orca y un mural del Margaretha. ¿Un dato interesante? Podés hacer visitas guiadas desde ahí con degustación de alfajores incluida.
Noventa años después, Mar de Ajó sigue siendo un pueblo a merced de los caprichos del mar, que nació de un naufragio y sigue discutiendo dónde queda la orilla.
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