Este 18 de agosto, la ciudad de Berisso recibió con profundo pesar la noticia del fallecimiento de Luis Taube, el visionario fundador del Museo de la Soda y el Sifón, un espacio cultural único en el mundo que se ha convertido en un emblema de la identidad local y en un santuario de la historia argentina.
Luis Taube, comerciante de compra-venta y coleccionista apasionado, dejó un legado invaluable que trasciende las fronteras de su querida Berisso. Su partida genera un vacío en la comunidad cultural argentina, especialmente entre quienes valoraban su incansable labor por preservar las costumbres y tradiciones vinculadas a una de las bebidas más icónicas del país: la soda.
Luis Taube impulsa el primer Museo de la Soda del mundo en Berisso
La noticia de su muerte conmocionó a vecinos, turistas y especialistas en patrimonio cultural que conocían su trabajo. A través de las redes sociales, numerosos berissenses expresaron su cariño y gratitud hacia quien durante más de dos décadas abrió las puertas de su museo para compartir anécdotas y transmitir la importancia de cuidar la memoria colectiva.
Un museo único en el mundo

El Museo de la Soda y el Sifón de Berisso, inaugurado en abril de 2003, es el único espacio de estas características que permanece en funcionamiento a nivel mundial. Aunque anteriormente existieron museos similares en España y Francia, estos dejaron de operar, convirtiendo al proyecto de Taube en una pieza única del patrimonio cultural internacional.
La colección del museo es extraordinaria: alberga más de 4.150 sifones de diferentes colores y capacidades, algunos datando del año 1880. Entre las piezas más valiosas se encuentran los primeros sifones creados en el mundo, que llegaron a Argentina en el siglo XIX, y una completa muestra de la evolución de este sistema de envasado que marcó la vida cotidiana de los argentinos durante décadas.
«Vienen muchos familiares de soderos, buscando los sifones y tratando de recuperar la historia de sus padres o abuelos. También hay muchos visitantes nostálgicos, que quieren ver los sifones que recibían en su casa cuando eran chicos«, explicaba Luis Taube en una entrevista con Diario Hoy, describiendo la diversidad de visitantes que llegaban al museo en busca de nostalgia y conexión con el pasado.
De la pasión personal al patrimonio cultural

La historia del museo comenzó a finales de los años 80, cuando Taube empezó a recolectar sifones que los vecinos desechaban. Lo que inicialmente era una afición personal se transformó en una pasión singular por la historia de las sodas y las licorerías. Junto a su esposa, recorrieron pueblos de toda Argentina, armando colecciones por provincia y estudiando museología para dar forma a su sueño.
La dedicación de Taube no se limitó a la recolección de objetos. Su trabajo abarcó la investigación histórica, la catalogación de piezas y la creación de un espacio educativo que permite «repasar desde el primer sifón creado en el mundo, la historia de cómo llegó a la Argentina». El museo exhibe también portasifones, carteles de soderías, aproximadamente 20 máquinas de llenado (incluyendo equipos franceses y alemanes), botellas de gaseosa, cajones de madera y una biblioteca especializada con información y fotografías para el estudio de esta historia cultural.
La colección incluye piezas excepcionales como sifones de farmacias, jarras licoreras francesas anteriores al sifón (1800) y porrones de gres ingleses de la década de 1870. También se exhiben los primeros sifones con malla metálica para protección contra explosiones, de uso exclusivo de la gente pudiente, y la evolución de las protecciones de bronce, aluminio y platónico que llegaron a Argentina a partir de mediados de los años 40.
La soda como ícono de la cultura argentina

Para comprender la dimensión del legado de Luis Taube, es fundamental entender el lugar que ocupa la soda en la identidad argentina. Esta bebida gaseosa se ha convertido en un «ícono de la cultura local, presente en cada asado, café y brindis», según describe el medio La Urbe.
La historia de la soda en Argentina es centenaria y rica en innovaciones. La primera fábrica se instaló en 1847 en la calle Alsina, en la Capital Federal, pero el verdadero despegue industrial ocurrió en 1860 con la fundación de la primera fábrica de tamaño considerable por Domingo Marticorena. Empresas pioneras como La Argentina S.A., productora de Soda Belgrano, marcaron el inicio de una tradición que perdura hasta hoy.
Argentina se distingue mundialmente por su consumo de soda: es el segundo país con mayor consumo a nivel global, después de Alemania, con un consumo per cápita de 46 litros anuales y un total de 2.361 millones de litros anuales. Esta cifra refleja la profunda inserción de la bebida en las costumbres cotidianas de los argentinos.
Innovación argentina en el envasado

El museo de Taube documenta cómo Argentina no solo adoptó la soda sino que innovó en su envasado y distribución. Expertos sugieren que el sifón de soda fue «un invento traído desde Europa y perfeccionado en nuestro país». Mientras John Mathew creó el agua carbonatada en 1832 para aliviar indigestiones, en Argentina, M. Savaresse desarrolló un envase en forma de tubo con funda metálica y una válvula para evitar explosiones.
Las innovaciones continuaron: en 1965, Enrique Álvarez Drago inventó el sifón automático de acero inoxidable que lleva su nombre. Entre 1970 y 1980, los sifones Drago perfeccionaron su técnica con una válvula de carga en la cabeza del sifón. En los años 80, cuando Argentina era el único país que seguía consumiendo soda masivamente, se desarrolló el sifón de plástico retornable, el mismo que distribuyen los soderos hasta la actualidad. Finalmente, en 1995, la soda llegó a los supermercados en formato descartable.
El sodero: un personaje entrañable

Una parte fundamental de la cultura de la soda argentina es la figura del sodero, ese personaje entrañable que Taube también homenajeaba en su museo. Descritos como «amigables y verdaderos personajes llenos de historias, anécdotas y hasta de atribuirles las infidelidades del barrio», los soderos crearon vínculos especiales con sus clientes.
Los consumidores desarrollaban lealtad hacia su sodero, incluso cambiando de empresa para seguir con su «sodero amigo con su clásico grito de ‘soderoooooo'». Esta relación personal convirtió la entrega de soda en algo más que una transacción comercial: era un momento de intercambio social, de noticias del barrio y de construcción de vínculos comunitarios.
Tradicionalmente, la soda se utilizaba para «cortar el vino» (especialmente entre 1930 y 1980) y es un clásico acompañamiento del café en bares y confiterías para «limpiar las papilas gustativas». Estas costumbres son parte del patrimonio intangible que Taube se propuso preservar a través de su museo.
Reconocimiento y proyección

El trabajo de Luis Taube trascendió los límites de Berisso. Su labor fue reconocida a nivel local y provincial, lo que le permitió integrarse a redes de museos en Argentina y participar activamente en encuentros de coleccionistas en diversas ciudades del país. El Museo de la Soda se convirtió en una referencia para investigadores, turistas y especialistas en patrimonio cultural.
El museo atrae visitantes de múltiples orígenes: turistas extranjeros que llegan desde San Telmo, interesados en una bebida y un sistema de envasado que no existe en otros países; familiares de antiguos soderos que buscan recuperar la historia de sus antepasados; y visitantes nostálgicos que desean reconectar con los sifones de su infancia.
Taube también se preocupaba por llegar a las generaciones jóvenes, aquellas que no vivieron la experiencia de esperar al sodero por las mañanas. Su museo buscaba ser un puente entre el pasado y el presente, asegurando que las nuevas generaciones comprendieran la importancia de esta tradición cultural.
Últimos proyectos y visión de futuro

Poco antes de cumplir 18 años de funcionamiento, el museo había incorporado novedades significativas: un bar temático y un «patio sodero» donde la soda es protagonista de todos los tragos. Este proyecto representaba «otro toque nostálgico» que Taube había soñado durante años, especialmente durante el período de cierre por la pandemia.
El bar temático no era solo una adición comercial, sino una extensión de la misión educativa del museo. Permitía a los visitantes experimentar de primera mano el sabor y las posibilidades de la soda, convirtiendo la visita en una experiencia sensorial completa que complementaba el aspecto histórico y cultural de la colección.
Un legado imperecedero

La figura de Luis Taube trascendió lo estrictamente cultural para convertirse en un símbolo de compromiso comunitario. Era «un vecino siempre dispuesto a abrir las puertas, a contar anécdotas y a transmitir la importancia de cuidar la memoria colectiva«, según recordó el medio Berisso Observa tras conocerse la noticia de su fallecimiento.
Su legado no radica únicamente en la impresionante colección que reunió, sino en haber creado un espacio que «protege y divulga la historia de la soda y el sifón», evocando nostalgia y transmitiendo conocimiento a las nuevas generaciones. Con paciencia y dedicación, Taube logró conformar una colección única que rescató no solo objetos cotidianos, sino también costumbres y recuerdos de toda una época.
El impacto en Berisso

Para Berisso, la pérdida de Luis Taube representa mucho más que la partida de un coleccionista. Su museo se había convertido en un emblema de la identidad local, un motivo de orgullo para la ciudad y un atractivo turístico que ponía a Berisso en el mapa cultural nacional e internacional.
El Museo de la Soda funciona como un imán para la nostalgia, un espacio donde convergen memorias personales y historia colectiva. Las anécdotas que Taube compartía con los visitantes, su conocimiento enciclopédico sobre cada pieza de la colección y su capacidad para conectar objetos con emociones convirtieron el museo en algo más que un repositorio: lo transformaron en un espacio vivo donde el pasado dialoga con el presente.
Proyección futura del museo

El fallecimiento de Luis Taube plantea interrogantes sobre el futuro del museo que fundó. Su legado cultural ha dejado una institución consolidada, reconocida y valorada tanto por la comunidad local como por visitantes nacionales e internacionales. La continuidad de este patrimonio cultural único requerirá del compromiso de la comunidad berissense y de las autoridades locales para preservar el trabajo de décadas.
La colección reunida por Taube representa un tesoro cultural irreemplazable. Los más de 4.150 sifones, las máquinas de llenado, los carteles de soderías y todos los objetos que conforman el museo son testimonios materiales de una época y de unas costumbres que corren el riesgo de perderse si no se mantiene vivo el espacio que las alberga.
Una historia que continúa burbujeando

La soda sigue siendo parte de la vida cotidiana de los argentinos, aunque las formas de consumo han evolucionado. Los soderos siguen recorriendo las calles de muchas ciudades, manteniendo viva una tradición que Luis Taube se empeñó en documentar y preservar. Su museo permanece como testimonio de una época en que la soda no era solo una bebida, sino un ritual, una costumbre y un elemento de cohesión social.
El legado de Luis Taube asegura que la historia burbujeante de la soda continuará refrescando la memoria colectiva argentina. Su trabajo demostró que los objetos cotidianos pueden ser portadores de identidad cultural y que preservar las tradiciones aparentemente menores es fundamental para mantener viva la memoria de un pueblo.
En Berisso, y en toda Argentina, el nombre de Luis Taube quedará asociado para siempre con la preservación cultural, la pasión por la historia y el compromiso con la comunidad. Su museo permanece como un faro que ilumina un aspecto fundamental de la identidad argentina: esa capacidad única de transformar lo cotidiano en extraordinario, de encontrar poesía en lo simple y de construir tradiciones que trascienden generaciones.
La soda seguirá burbujeando en las mesas argentinas, y cada vez que un sifón libere su característico sonido, estará sonando también un homenaje silencioso al hombre que dedicó su vida a preservar su historia para las generaciones futuras.
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