Gabriel Armendi, miembro de la comisión directiva del Centro Nueva Vida de Los Talas, expone una realidad que golpea los cimientos de la asistencia social en Berisso: los centros de tercera edad han quedado atrapados entre el abandono estatal y la instrumentalización política. En los rincones periféricos del municipio, donde la soledad de los mayores se combate con un mate y la dignidad, la crisis de recursos y la falta de servicios básicos trasforman estos espacios en símbolos de indiferencia.
La situación que Armendi documenta revela una brecha profunda entre los centros independientes, condenados a la precariedad financiera, y aquellos bajo gestión municipal, señalados por su politización partidaria. ¿Cuál es el costo real para los abuelos de Berisso?
Centro Nueva Vida: la autogestión heroica de Los Talas

El Centro Nueva Vida de Los Talas funciona bajo una premisa que parece castigada: la política cero. Armendi explica que la institución rechaza alineamientos partidarios para mantener la independencia, pero este principio tiene un precio alto en una realidad municipal donde el Estado municipal parece retirar su mirada de quienes no izan su bandera.
La asfixia financiera de los centros independientes
Sin subsidios municipales ni pautas oficiales, el mantenimiento del edificio se convierte en un rompecabezas que solo cierra con ingenio comunitario y eventos propios. Armendi no oculta la realidad:
«Si no es con los viajes y fiestas que realizan, la verdad no tienen como mantenerse… con la cuota de socio no puede contar, porque es muy poca».
Esta frase resume la contradicción brutal: los centros de tercera edad independientes dependen casi exclusivamente de recaudaciones eventuales. Una cuota social de abuelos jubilados es estructuralmente insuficiente para cubrir servicios básicos como electricidad, mantenimiento, agua y gas. La falta de subsidios los condena a una autogestión precaria donde el bienestar de los mayores depende de la capacidad organizativa de voluntarios.
La infraestructura sanitaria que no funciona

El Centro Nueva Vida cuenta con un edificio «hermoso y grande», según describe Armendi, que alberga un dispensario de salud inaugurado durante la gestión de Jorge Nedela. Sin embargo, esta infraestructura funciona como una cáscara vacía. El consultorio carece de insumos básicos y de regularidad médica necesaria para atender a una población de riesgo.
La contradicción es dolorosa: tener una estructura sanitaria moderna en el corazón de Los Talas sin personal que la impulse ni suministros que la sostengan es una burla sistemática a la necesidad de los abuelos, cuya salud no puede esperar a coincidencias electorales.

Armendi ha gestionado directamente con el PAMI agilice trámites y, al menos una vez por semana, un médico le dé vida a esas paredes. Incluso ha invitado al director local de la obra social de jubilados local, Pablo Swar, para visibilizar las instalaciones. Estos pasos demuestran que el problema no es la voluntad local, sino el abandono deliberado desde la gestión municipal.
«La idea era que a través de Pablo, con el tema de PAMI, es agilizar trámites que tengan que ver con con el funcionamiento del centro, y los abuelos que son socios, cabe la posibilidad de gestionar un médico, para que venga una vez a la semana y ver las necesidades del club que a pesar de que está muy lindo», comentó Armendi
Politización de espacios para abuelos

Mientras en Los Talas los abuelos mendigan un médico, el Centro Hogar y Amor del Barrio Obrero presenta una imagen radicalmente opuesta y más inquietante. Armendi denuncia un proceso de apropiación directa ejecutado bajo la gestión del intendente Fabián Cagliardi y la responsable de Tercera Edad, Andrea Armoa reconvertido en Centro Recreativo y Municipal de Adultos Mayores.
«Fabián [Cagliardi], con su gente… se lo apropiaron directamente… lo han convertido en una unidad básica del cagliardismo», afirma Armendi con la crudeza de quien conoce los detalles cotidianos.

La centralización de servicios hacia un único centro municipal no es un error logístico: es una herramienta de control social. Obligar a los abuelos de todos los barrios a converger en un solo punto transforma las actividades de la tercera edad en actos de campaña encubiertos, donde la asistencia se convierte en precio de visibilidad política.
Irregularidades financieras y fata de transparencia

Testimonios vecinales recogidos sobre el Centro Hogar y Amor añaden sospechas sobre la transparencia en el manejo de fondos. Se reporta la realización de una fiesta destinada a recaudar fondos para la Escuela N° 4, lindera al centro. Según denuncias, el dinero nunca fue entregado a la dirección escolar, bajo la excusa de gastos operativos excesivos.
Además, el centro es alquilado para eventos privados como cumpleaños y casamientos. La pregunta que surge en la comunidad es inevitable: ¿A dónde van esos ingresos? ¿Se integran al erario público o tienen otros destinos? La falta de rendición de cuentas erosiona la confianza comunitaria.
Crisis de la red de centros: el colapso silencioso
La red de centros de tercera edad en Berisso se está deshilachando. La asistencia a las reuniones ha caído en picada y apenas sobreviven algunos focos en Villa Argüello y Los Talas, mientras el resto languidece en la indiferencia. Ya no se le da la «bolilla» de antes a la tercera edad. El desinterés municipal está desmantelando el tejido social, reemplazando la diversidad de los centros barriales por un modelo único y partidizado.
Este colapso tiene consecuencias reales: abuelos aislados, sin espacios barriales de encuentro, dependientes de un único centro que funciona como punto de concentración política. La soledad de los mayores aumenta proporcionalmente a la desaparición de centros diversos y cercanos.
La pregunta ética pendiente
La brecha en Berisso es fundamentalmente moral. Por un lado, centros independientes que mendigan un médico; por el otro, centros oficialistas que funcionan como salones de fiesta con contabilidad opaca. La politización de espacios para mayores convierte su vulnerabilidad en moneda de cambio electoral.
La pregunta que Gabriel Armendi y la comunidad de Los Talas formulan es ineludible: ¿Es éticamente sostenible convertir la fragilidad de la tercera edad en herramienta de campaña mientras se permite que dispensarios de salud permanezcan como cáscaras vacías?
Los abuelos de Berisso merecen centros diversos, independientes o municipales, pero siempre transparentes, bien financiados y libres de instrumentalización política.
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