El Frente Grande enfrenta la crisis orgánica más grave de su historia reciente. A días de las elecciones partidarias del 18 de abril de 2026 en la provincia de Buenos Aires, la facción opositora liderada por Pedro Wasiejko y Pablo Micheli tomó la decisión de retirar su lista tras denunciar la manipulación del padrón y la ausencia de garantías democráticas mínimas.
La acusación central es contundente: de más de 1.000 fichas de afiliación presentadas por el sector disidente, la conducción solo cargó menos del 10% en el sistema oficial. Lo que comenzó como una renovación de autoridades en el Congreso Nacional de noviembre de 2025 ha mutado, en apenas cuatro meses, en una fractura que amenaza con reducir a una fuerza de alcance nacional a una expresión territorial de cabotaje.
El Congreso que selló la fractura

El sábado 29 de noviembre de 2025, en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata, el Congreso Nacional del Frente Grande ratificó a Mario Secco, intendente de Ensenada, como presidente del partido para el período 2025-2029. La nueva estructura de autoridades quedó encabezada por Secco, con Sonia María del Carmen Mello (Misiones) como vicepresidente primera, Marcelo Mango (Río Negro) como vicepresidente segundo, Laura Garcés (San Juan) como vicepresidente tercera, y Nelio Calza (Entre Ríos) como vicepresidente cuarto.
El evento tuvo un momento de alto impacto político: durante el cierre de la asamblea, Secco propuso formalmente a Axel Kicillof como candidato presidencial para 2027. El gobernador, presente en el acto, fue registrado en video aplaudiendo la arenga del intendente ensenadense, en un gesto que fue leído como un aval explícito a la propuesta.
Sin embargo, la foto de unidad escondía una fractura que ya era irreversible. Figuras de peso institucional como Horacio Viqueira, José Vitar, Elia Fernández, Aníbal Ibarra, Eduardo Sigal, Ariel Basteiro, Carlos Raimundi, Pedro Wasiejko y Pablo Micheli rechazaron el manejo de Secco durante el congreso partidario.
La «municipalización»: el poder concentrado en Ensenada

El eje principal de las denuncias del sector disidente apunta a lo que definen como la «municipalización» del partido. El dato es elocuente: de los 41 congresales que integran la lista oficialista, 35 pertenecen al distrito de Ensenada. Este desequilibrio no es una cuestión de matices sino de arquitectura de poder: la conducción nacional del Frente Grande opera, en los hechos, como una extensión de la intendencia ensenadense.
El desplazamiento de José «Pepe» Lojo de la administración del Puerto La Plata ilustra con precisión esta lógica. Secco corrió a Lojo del frente del Puerto La Plata para que asumiera su mano derecha, Susana González, quien había finalizado su mandato en la Legislatura en diciembre pasado. La maniobra no solo reconfiguró un cargo institucional relevante, sino que estableció un patrón de conducta: la lealtad distrital como único criterio de acceso a posiciones de poder.

La exclusión también es geográfica: la oposición acusa a Secco de no haber integrado a la minoría en la conducción, marginando a distritos como Córdoba, Catamarca, Salta y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Eduardo Sigal, exsenador provincial y uno de los fundadores del partido, lo resumió en una carta abierta que circuló en el campo político bonaerense:
«Lamento que no haya habido voluntad de construir consensos. Lamento que se haya optado por una lógica de vencedores y vencidos, impropia de un espacio que pretende transformarse en alternativa.»
El padrón fantasma y el retiro de la lista opositora

La tensión latente encontró su detonante concreto en el proceso electoral previo a los comicios internos del 18 de abril de 2026. La conducción de Secco enfrenta su momento más crítico: el sector opositor lo acusa de «pisar» afiliaciones y maniatar el padrón para impedir que prospere un desafío a su liderazgo en la elección partidaria bonaerense.
Los referentes opositores a Secco impulsaban a Wasiejko —quien en agosto pasado renunció a la presidencia del Astillero Río Santiago en medio de tensiones con el jefe comunal de Ensenada— como cabeza de lista, y al exsenador provincial Eduardo Sigal como congresal. Sin embargo, bajaron la lista denunciando irregularidades en el padrón.

Pablo Micheli, histórico dirigente de la CTA y uno de los impulsores de la lista opositora, no tuvo reparos al calificar la situación en diálogo con La Política Online:
«Me encontré con una realidad en la política partidaria que me espantó mal. Jamás pensé que Secco tuviera una actitud tan antidemocrática. Todo lo que no le haga reverencia queda afuera. Es una actitud de patrón de estancia.»
La denuncia puntual sobre el padrón agrega otra dimensión al conflicto: no solo se habrían omitido fichas de afiliación masivamente, sino que presidentes de partidos en distritos de la provincia de Buenos Aires habrían desaparecido del registro habilitado para votar, pese a contar con designaciones firmadas por el propio Secco.
El éxodo de los históricos y el «Espacio Popular»

La exclusión orgánica forzó una reorganización entre quienes se niegan a aceptar las condiciones impuestas por la conducción. Hay quienes auguran que la salida será rearmando el «Espacio Popular«, que sostiene el ex Jefe de Gobierno de la Ciudad, Aníbal Ibarra.
Este espacio funciona hoy como plataforma de contención para los sectores desplazados. Sin embargo, el debate interno sobre la estrategia a seguir está lejos de resolverse: mientras los dirigentes con mayor trayectoria en el partido —como Sigal y Wasiejko— sostienen la necesidad de mantener la pelea interna para recuperar el Frente Grande desde adentro, otros referentes como Micheli consideran que la única salida viable es la construcción de una fuerza política por fuera de la estructura actual.
El documento difundido por la oposición es claro en su advertencia: «No vamos a ser cómplices del autoritarismo y la hipocresía, en momentos en que se necesita diálogo y transparencia.» Y agrega: «Quienes asumen la actitud de excluir pagarán el costo de achicar al Frente Grande.»
Kicillof: el único punto de consenso en un partido fracturado

La paradoja central de esta crisis es que ambos sectores —la conducción de Secco y la oposición encabezada por Wasiejko y Micheli— coinciden en respaldar la gestión del gobernador Axel Kicillof y su proyección hacia las elecciones de 2027. El gobernador bonaerense no es, en este escenario, un árbitro neutral: su presencia y aval explícito en el Congreso de noviembre consolidaron el liderazgo de Secco, aunque los sectores disidentes advierten que esa validación externa no puede compensar el deterioro interno de la estructura.
La disidencia va más lejos en su advertencia: el vaciamiento democrático del partido podría convertirse en un problema de legitimidad que afecte la capacidad del Frente Grande para actuar como sustento político del gobernador en el movimiento «Derecho al Futuro», precisamente cuando la cuenta regresiva hacia 2027 ya comenzó.
La crisis interna no es menor: Secco, con fuerte influencia en Ensenada y vínculos con sectores del kirchnerismo, enfrenta por primera vez un cuestionamiento orgánico dentro de su propio partido. El desafío que tiene por delante no es solo político sino existencial para la fuerza: si la «municipalización» del Frente Grande consolida un partido disciplinado pero vaciado de representatividad federal, la pregunta que queda pendiente es si ese instrumento político tendrá el peso territorial suficiente para sostener una candidatura presidencial en el escenario nacional de 2027.
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