Por qué Alberto Fernández es el Macri 2015

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El Establishment que le dio la presidencia a Cambiemos huele que la construcción del poder está lejos del oficialismo. Y decidió depositar confianza en el albertismo. Eé cambió en cuatro años.

“Las urnas te ponen ahí, pero el poder se construye, es otra cosa. Y Alberto lo primero ya lo tiene”. Un banquero nacional de los más relevantes está seguro de que la elección de octubre está definida y que el próximo presidente será Alberto Fernández. El post PASO para el candidato del Frente de Todos parece haber ido en el sentido de la declaración del banquero: con los votos conseguidos -una cosecha cercana al 50% que obliga a Mauricio Macri a algo más que una épica-, echó mano a sus redes de contactos para edificar vínculos con sectores que, en su mayoría, acompañaron a Cambiemos en 2015. El Círculo Rojo, se sabe, no es importante en volumen de voluntades, pero sí en el boca a boca de a quién conviene ponerle fichas y, sobre todo, en la gobernabilidad posterior a la elección, que en este caso se vislumbra como un período nada sencillo.

Visto en perspectiva y según la lectura del establishment, este Fernández representa casi lo mismo que Macri en 2015, aunque con matices: una esperanza sobre un futuro mejor aunque incomprobable; el fin del maltrato a sectores como las industrias y el comercio y una idea de desarrollo que, aunque vaga en algunos puntos, parece alcanzar ante la propuesta de un oficialismo que no ha hecho pie en la economía y la política en cuatro años de gestión.

Cuentan en el entorno de Luis Pagani, el dueño de Arcor, que el enojo del cordobés con el jefe de Estado no tiene vuelta atrás.

Es tal la fractura, que hay promiscuidad extrema para exponer las diferencias con Macri y ensalzar supuestas dotes de Fernández. Todo parece exagerado, barroco, desesperado en las consideraciones de los CEOs, solo justificable en una pandemia que se llevó puestos hasta a los pesos pesados.

Cuentan en el entorno de Luis Pagani, el dueño de Arcor, que el enojo del cordobés con el jefe de Estado no tiene vuelta atrás.

Pagani es un liberal que ha sabido hacer negocios con todos los gobiernos -solo le fue mal con la Alianza. En 67 años operando en el país y antes de la llegada de Macri, la transnacional de alimentos sólo había cerrado un balance en rojo en 2001. El segundo negativo fue el de 2018 y el tercero, 2019, tendrá cifras confirmadas entre el 5 y el 10 de noviembre próximos.

La crisis de Arcor, que cerró plantas y adelantó vacaciones de más de 2.500 empleados, conjuga, además, las razones de la derrota de Cambiemos en las PASO y el posible resultado de octubre. Son empresarios que perdieron millones vendiendo bienes insustituibles y trabajadores que quedaron en la calle por esa caída en las ventas producto de una política general nacional que renegó del mercado interno. Fue, en parte, lo que permitió a Fernández recibir un aplauso importante en la Fundación Mediterránea, cuna del liberalismo argentino -Pagani tuvo mucho que ver en su creación.

Rocca, Pagani y Magnetto, del macrismo al albertismo.

Pagani es, junto a Techint Clarín, el núcleo del poder real en la Argentina. Son los que influyen, mandan, critican o levantan. “Hacía bien Mauricio en tenerle miedo a Clarín y eso que le entregó todo lo que pudo”, le dijo a Letra P un hombre fuerte muy cercano a Paolo Rocca.

El período post PASO generó un quiebre en el último bastión del macrismo fanático o, más bien, del anti kirchnerismo explícito. El nexo casi de amistad entre Fernández y Héctor Magnetto mostró al holding en su momento más alejado del macrismo. Tanto, que impacta y sorprende el ninguneo que las señales televisivas del Grupo le hacen a los actos del presidente en el #SíSePuede Tour. El más reciente, el de Misiones. Mientras Macri hablaba, TN proyectaba imágenes de la crisis en Ecuador, algo impensado antes del aluvión de votos de las primarias.

Dicen que Magnetto le dijo al propio Fernández que la rebeldía vista, cada vez más escasa, quedó en los periodistas heridos por los maltratros y la estigmatización K más que por lo que realmente piensa Clarín como compañía. En este contexto, la cedió a la transición la tríada que comanda la Asociación Empresaria Argentina (AEA).

Martino, del HSBC, ya se reunió con Fernández y con Kulfas

El otro bloque quebrado, quizás el más llamativo, es el de los banqueros, que empezaron a aportarle a Fernández ideas para renegociar la deuda en default. El capítulo más inmediato, un encuentro en el búnker de México entre el candidato del Frente de Todos y Julio Figueroa, CEO del Citibank, uno de los bancos más enfrentados al gobierno de Cristina Kirchner. El otro, el HSCB. Luego de la reunión de Gabriel Martino, el titular de la entidad, con Fernández en su departamento de Puerto Madero, vinieron otros mitines de menor pompa entre Martino –ex banquero favorito de Macri- con el potencial superministro de Economía, Matías Kulfas.

La pregunta del millón es qué ve el poder en la imagen de Fernández como para empezar a jugar bastante antes de la definición en las urnas.

El primer elemento es la confirmación de que CFK no estará en un rol protagónico en la relación con los privados, el mayor temor de muchos. Lo comprobaron en la operatividad del Grupo Callao –think tank de Alberto- en los primeros pasos de la campaña.

El segundo factor es que observan que el escenario es diametralmente opuesto al de 2015. Señalan que, entonces, el kirchnerismo llevaba de candidatos a Aníbal Fernández y Carlos Zanini, rechazados por la mayoría de los CEOs. “No es lo mismo Kulfas, Guillermo Nielsen Felipe Solá que Aníbal”, sintetizan en el pensamiento simplista y lineal que suele operar en el Círculo Rojo. Más allá de las calificaciones, la idea queda plasmada.

Un tercer factor es que no ven en Fernández perfiles cuestionables de corrupción y enriquecimiento. Uno de los dirigentes, que lo conoce de sus años en la Superintendencia de Seguros, cuenta que “entró con un Renault 18 y se fue con un Renault 19”. No recuerda bien el hombre si ése era el vehículo, pero para él es un detalle.

El último factor es el pragmatismo y la apertura al diálogo, un bien escaso en el proceso de radicalización que encaró el macrismo hace un año y medio. El jueves, el posible futuro ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, almorzó carne con ensalada con los popes de la cámara de empresas alimenticias COPAL. “Muy buena reunión”, lo despidió Daniel Funes de Rioja, jefe de la organización. Funes no es de regalar elogios y ha tenido una batalla contra el último kirchnerismo. Muchos ya conocían a Arroyo, pero les gustó la sinceridad. «Todo se está cayendo a pedazos, vengo a escuchar y a pedir ayuda», manifestó el dirigente ni bien se sentó.

Esta situación generalizada de relacionamiento con hombres que Fernández ya conocía de sus años como jefe de Gabinete generó también el viraje en el voto de empresarios que fueron con Macri en 2015 y que, defraudados por la política económica, ahora votarán por el candidato del Frente de Todos. Eso es casi una constante en algunas cámaras, como la UIA, la de la Construcción (Camarco) y hasta en la Asociación de Supermercados Unidos (ASU). En el caso de los industriales, ya avanzan incluso en el acuerdo de paz social con los gremios, sin siquiera la intervención de Fernández.

Todas estas son postales de un presente donde la articulación de Fernández con sectores de poder contrasta con una campaña de Macri centrada 100% en mantener a su núcleo duro; una cacería en el zoológico versus un experimento de un peronismo que, al menos en los visto en la previa, parece llegar con aires renovados y mayor apertura. El 10 de diciembre, cuando estas alianzas sean puja de poder, será otra historia. (Letra P)

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