Panorama actual de los buques petroleros y su incierto destino
El Astillero Río Santiago (ARS), una de las principales plantas navales públicas de Argentina, atraviesa un momento crítico vinculado a la construcción de los buques petroleros Eva Perón y Juana Azurduy, encargados en 2004 por la empresa estatal venezolana Petróleos de Venezuela (PDVSA). A pesar de los avances técnicos, el destino de estas embarcaciones permanece incierto debido a factores geopolíticos, económicos y normativos, en un contexto marcado por la desregulación del sector naval argentino.
Avance técnico y bloqueo geopolítico

El Eva Perón se encuentra técnicamente terminado y listo para ser botado, según declaraciones de Francisco Banegas, secretario general de ATE Ensenada, quien ha confirmado: «El barco ya está en condiciones de ser entregado. […] Cuestiones geopolíticas no permiten que Venezuela pueda llevárselo». Sin embargo, su entrega ha sido imposibilitada por las sanciones internacionales impuestas a Venezuela y la falta de acuerdos operativos.
En paralelo, el buque Juana Azurduy ha alcanzado un avance del 50 %, aunque su construcción se ha ralentizado ante la prioridad de finalizar el primero. Ambos buques, con una capacidad de 47.000 toneladas de porte bruto y más de 180 metros de eslora, representan los mayores construidos en Argentina en más de tres décadas.
Contexto contractual e histórico del proyecto

El contrato original, firmado en 2005 tras un acuerdo entre los presidentes Néstor Kirchner y Hugo Chávez, contemplaba la construcción de cuatro buques tipo PANAMAX, de los cuales se concretaron dos. El presupuesto inicial de 112 millones de dólares fue ampliado a 160 millones, con PDVSA abonando aproximadamente el 80 % del total. La botadura del Eva Perón ocurrió en 2012, aunque los retrasos y problemas de financiamiento han postergado repetidamente su entrega.
La empresa PDVSA ha enfrentado una profunda crisis interna, agravada por las sanciones de Estados Unidos desde 2019. Un informe interno de la compañía (marzo de 2023) reveló que más de la mitad de su flota petrolera está inoperativa o deteriorada, careciendo de certificaciones de navegabilidad.
Intentos de rescisión y reorientación comercial
Frente a esta coyuntura, el ARS se encuentra negociando la rescisión consensuada del contrato con Venezuela para permitir la búsqueda de nuevos compradores. «Se está trabajando para ver si se puede rescindir el contrato con Venezuela en forma consensuada y buscar otra empresa interesada en la compra de estos buques. Son alrededor de 34 millones de dólares, entregando los dos terminados», explicó Banegas.
La búsqueda de alternativas se desarrolla tanto en el ámbito nacional como internacional, con el objetivo de garantizar la continuidad operativa del astillero y preservar los puestos de trabajo. La situación de estos petroleros se ha transformado en un símbolo de las dificultades que atraviesa la industria naval argentina.
Desregulación del sector y consecuencias económicas
El proceso de desregulación iniciado por el gobierno argentino mediante los decretos 273/2025 y 340/2025 ha profundizado las tensiones en el sector. Estas normativas permiten la adquisición de buques usados en el exterior y habilitan la contratación de mano de obra extranjera, desarticulando las protecciones establecidas por la Ley de Industria Naval de 2017.
La derogación del artículo 15 de dicha ley, que impedía al Estado comprar buques en el extranjero si podían construirse localmente, ha sido duramente criticada por el gremio de ATE Ensenada. Su secretario general ha calificado la medida como una «destrucción total de la industria naval argentina», al considerar que facilita la fuga de capitales por la vía de importaciones y servicios internacionales de dragado y flete.
El astillero y su rol en la soberanía industrial

El ARS, con sede en Ensenada, provincia de Buenos Aires, ha sido históricamente un bastión de la producción industrial estatal. Sus trabajadores, organizados en torno al sindicato ATE Ensenada, mantienen una activa defensa del astillero frente a intentos de cierre o privatización ocurridos en administraciones anteriores.
El gremio insiste en que «no sobra gente, falta trabajo», y propone reactivar las gradas con proyectos diversificados: desde patrulleras para la Armada hasta obras de infraestructura metalmecánica para la provincia. Entre las producciones recientes más destacadas se encuentra la compuerta flotante de Puerto Belgrano, considerada la mayor obra metalmecánica del país en 2023.
Perspectivas futuras y plan de reactivación
Aunque el Eva Perón podría ser concluido técnicamente en un plazo de tres meses, aún se requiere definir quién realizará las pruebas de mar. El gremio ha advertido que «bajo ningún punto de vista permitiremos que el control y prueba de mar del buque Eva Perón lo realice otra empresa que no sea ARS».
Por su parte, Venezuela ha reiterado su interés en concluir la obra, aunque condicionado a la remoción de obstáculos geopolíticos. El presidente Nicolás Maduro declaró: «Venezuela tiene los recursos y está lista para invertir en estos buques apenas se den las condiciones para terminarlo».
El futuro del Juana Azurduy, en tanto, dependerá de la resolución contractual con PDVSA o de la concreción de una nueva venta internacional. La conclusión del 50 % restante se encuentra condicionada a definiciones estratégicas y comerciales.
Dimensión política y sindical del conflicto

El conflicto alrededor de estos buques no es meramente técnico o económico. Se encuentra atravesado por intereses geopolíticos, disputas sindicales, decisiones gubernamentales y la agenda de actores privados que promueven la apertura del mercado naval. El ARS aparece en este contexto como una de las últimas trincheras de la producción naval pública en el país.
Desde el gobierno de la provincia de Buenos Aires, encabezado por Axel Kicillof, se ha manifestado apoyo explícito a la continuidad del astillero. Por el contrario, sectores de la oposición nacional cuestionan su sostenibilidad económica. El dilema entre rentabilidad y soberanía industrial vuelve a emerger como telón de fondo en el debate por el futuro del ARS.
Una crisis estructural en el sector naval
El conflicto en torno a los buques Eva Perón y Juana Azurduy no sólo evidencia un problema puntual en la ejecución de un contrato internacional. Expone una crisis estructural de la industria naval argentina, derivada de la falta de políticas sostenidas, inversiones estratégicas y planificación de largo plazo.
Desde su fundación en 1953, el Astillero Río Santiago (ARS) ha sido uno de los pilares de la infraestructura industrial estatal. Con más de 3.000 trabajadores altamente calificados, su existencia ha estado amenazada en múltiples ocasiones, en particular durante periodos de orientación neoliberal en la política económica nacional. La paralización de obras, el subfinanciamiento y las presiones para su cierre han sido frecuentes.
En ese contexto, los contratos con PDVSA representaron una oportunidad de reactivación productiva, cooperación regional y recuperación de capacidades estratégicas. Sin embargo, la ejecución del proyecto estuvo signada por vaivenes políticos, crisis macroeconómicas, cambios de gobierno y sanciones internacionales que excedieron al ARS como actor operativo.
Integración regional y geopolítica energética
El origen del acuerdo entre Argentina y Venezuela en 2004 respondía a una visión de integración energética y productiva en América Latina. El impulso inicial fue producto de una alianza política entre los gobiernos de Néstor Kirchner y Hugo Chávez, enmarcada en un proyecto de soberanía regional.
La construcción de buques petroleros en Argentina para una petrolera estatal venezolana implicaba también el fortalecimiento de capacidades técnicas en el sur global, desafiando la dependencia de astilleros asiáticos o europeos. No obstante, esta iniciativa fue duramente golpeada por el endurecimiento de las sanciones a Venezuela desde 2017, que obstaculizaron sus transacciones internacionales y limitaron su acceso a bienes estratégicos.
El embargo financiero y comercial impuesto por Estados Unidos afectó no sólo a la PDVSA, sino también a proveedores y contratistas asociados, como el ARS, que quedó atrapado en una maraña legal y diplomática que bloqueó los avances del proyecto.
Políticas públicas y legislación contradictoria
La contradicción entre los objetivos de desarrollo industrial y las normativas vigentes ha sido otro factor clave en esta problemática. Mientras que la Ley 27.418 de Industria Naval (2017) buscaba fomentar la producción local, los recientes decretos 273/2025 y 340/2025 han desarticulado ese marco al permitir sin restricciones la compra de embarcaciones extranjeras.
Este giro normativo ha sido interpretado por sectores sindicales como un ataque directo al complejo naval argentino. En palabras de Francisco Banegas, «la mano de obra naval no se forma de un día para otro», lo que refuerza la necesidad de preservar el entramado técnico y humano del ARS como activo estratégico.
Asimismo, la flexibilización para contratar personal extranjero impacta en la estructura laboral del astillero y debilita su rol como dinamizador de pymes regionales y generador de empleo de calidad.
El rol del Estado y los desafíos de gestión
Además de la dimensión normativa, persisten desafíos internos de gestión en el ARS, producto de su condición jurídica como ente público no estatal. La demora en procesos de contratación, adquisiciones y financiamiento obstaculiza la eficiencia operativa, lo que ha motivado propuestas para dotarlo de mayor autonomía bajo el formato de empresa estatal productiva con dirección ejecutiva propia.
Estas iniciativas, sin embargo, han sido descartadas por el nuevo marco regulatorio, generando una situación de parálisis institucional que refuerza la vulnerabilidad del astillero frente a la competencia internacional.
El ARS, pese a estos obstáculos, ha demostrado capacidad de respuesta técnica con la ejecución de obras complejas como la compuerta flotante del Puerto Belgrano, la reparación de buques internacionales y la producción para la Armada Argentina. Estos antecedentes refuerzan el argumento de que el problema no reside en la falta de capacidades, sino en la ausencia de planificación estratégica y políticas de Estado coherentes.
Impacto social y territorial
La continuidad del astillero no sólo afecta a su personal directo, sino también a un ecosistema de proveedores, técnicos y trabajadores asociados a la cadena naval. La región de Ensenada, Berisso y La Plata depende en gran medida del funcionamiento del ARS como fuente de empleo y motor económico.
Por ello, la eventual pérdida de contratos, como el de los buques Eva Perón y Juana Azurduy, tendría un impacto social significativo en un contexto nacional marcado por la desocupación y la pobreza.
En consecuencia, el desenlace de esta situación excede lo técnico o lo comercial: representa un test para la capacidad del Estado argentino de sostener su infraestructura industrial estratégica frente a los desafíos globales, normativos y geopolíticos.
ARS entre el colapso y la reconstrucción
La situación de los buques Eva Perón y Juana Azurduy representa un caso paradigmático de las tensiones que atraviesan la industria naval argentina. Entre demoras prolongadas, sanciones internacionales, políticas de desregulación y luchas sindicales, el Astillero Río Santiago encara un momento de redefinición profunda.
La resolución del contrato con PDVSA, la eventual venta a terceros, y el reposicionamiento del astillero en el entramado productivo nacional serán claves para determinar si se trata del epílogo de un modelo o del inicio de una nueva etapa de reconstrucción industrial.
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