El cierre de listas para las elecciones legislativas del 7 de septiembre en Berisso dejó al descubierto una trama de traiciones, operaciones políticas y tensiones internas que evidencian la profunda crisis que atraviesan todas las fuerzas políticas del distrito. Lejos de mostrar unidad y proyectos sólidos, los partidos expusieron sus grietas más profundas, sus ambiciones desmedidas y una incapacidad manifiesta para representar genuinamente los intereses de los berissenses.
La prórroga otorgada por la Junta Electoral hasta el lunes 21 de julio, justificada por un «sospechoso corte de luz», no hizo más que prolongar la agonía de espacios políticos que llegaron al límite mostrando su peor cara. Desde Fuerza Patria hasta Somos Buenos Aires, pasando por La Libertad Avanza y los frentes menores, todos exhibieron niveles alarmantes de desorganización, autoritarismo interno y oportunismo político.
Fuerza Patria: El autoritarismo de Cagliardi detona su propio espacio

El oficialismo berissense protagonizó uno de los espectáculos más bochornosos del cierre electoral. El intendente Fabián Cagliardi decidió encabezar la lista de concejales como «candidato testimonial», una maniobra que replica mecánicamente lo que hacen otros intendentes bonaerenses como Mario Secco y Andrés Watson, sin originalidad alguna y evidenciando una clara falta de liderazgo genuino.
Fabián Cagliardi: candidato testimonial para fortalecer su paupérrimo proyecto en Berisso
Esta decisión, lejos de generar consenso, detonó internamente a la Agrupación María Roldán, el propio sello del intendente, cuyos militantes quedaron «afuera» de los lugares expectantes. La «elección individual» de Cagliardi hasta el cuarto lugar de la lista generó un «fuerte malestar» en sectores que históricamente lo acompañaron, desnudando un estilo de conducción autoritario y personalista.
«Asumo la responsabilidad de estar presente, de poner el cuerpo», declaró Cagliardi, pero sus propias huestes no parecen convencidas de esta pose heroica. Los cuestionamientos internos se multiplicaron cuando se conoció que referentes del movimiento obrero, el massismo y el kirchnerismo fueron deliberadamente excluidos de los primeros lugares, rompiendo acuerdos establecidos a nivel provincial.
La inclusión de Federico Ruiz, actual Secretario de Seguridad, en el tercer puesto generó asombro y comentarios sarcásticos. Ruiz, quien «no fue leal al pedido del intendente de acompañarlo con la firma de apoyo al gobernador», fue premiado con un lugar expectante, llevando a militantes a ironizar: «Hay que portarse mal para que Fabián te reconozca».
El colmo de la improvisación llegó cuando la lista completa se filtró antes de su anuncio oficial, obligando a desechar la gacetilla de prensa inicial y evidenciando «heridos en su propio equipo». Esta filtración no solo muestra la falta de cohesión interna, sino también la presencia de sectores desconformes dispuestos a sabotear desde adentro.
La «candidatura testimonial» de Cagliardi no es más que una maniobra electoralista que busca «potenciar su imagen para traccionar votos» sin asumir responsabilidades reales en el Concejo Deliberante. Es la expresión más clara del personalismo político que caracteriza su gestión y que ahora amenaza con fragmentar definitivamente el peronismo berissense.
Somos Buenos Aires: El caos de la «Tercera Vía»

Si el oficialismo mostró autoritarismo, la oposición agrupada en Somos Buenos Aires exhibió directamente caos organizativo y operaciones internas que rayaron en lo patético. Este frente, que pretende representar una «tercera vía» integrando radicales, socialistas y peronistas no kirchneristas, llegó al cierre de listas en un estado de «máxima tensión y confusión».
Las denuncias de operaciones fueron constantes. «Por ahora sigue igual… Lo que publicaron no es cierto, nos están operando», expresó uno de los miembros de la lista, evidenciando el nivel de desconfianza mutua que reina en el espacio. Otro sector fue más explícito: «es una pelea entre radicales, pero también hay una mano negra que no resolvió su pelea y se mete en los armados de la oposición para digitar en favor de sus arreglos».

La multiplicidad de listas dentro del mismo frente no hizo más que confirmar la incapacidad de estos dirigentes para ponerse de acuerdo en lo más básico. La lista inicial encabezada por Antonella Villa Chiodo fue desafiada por una segunda nómina de Walter Bandarenko, mientras que el sector Evolución presentaba su propia propuesta con Gabriel Kondratzky y luego Florencia Matanó.
Esta guerra interna no solo expone las ambiciones personales desmedidas de cada dirigente, sino también la ausencia total de un proyecto político coherente. ¿Cómo pretenden representar a los berissenses si no pueden ni siquiera acordar quién los representa a ellos mismos?
La «mano negra» denunciada por los propios integrantes del frente revela la presencia de operadores políticos que manejan los hilos desde las sombras, convirtiendo lo que debería ser un proceso democrático interno en una componenda de intereses espurios.
El resultado final, con múltiples listas compitiendo dentro del mismo frente, no es otra cosa que la confesión pública de su fracaso como alternativa política. Los berissenses no necesitan más improvisación ni peleas internas disfrazadas de pluralidad.
La Libertad Avanza: Promesas vacías y abandono de compromisos

La Libertad Avanza en Berisso no escapó a la lógica de oportunismo y contradicciones que caracteriza al espacio a nivel nacional. La decisión del coordinador local Fabián Lagorio de no ocupar ningún puesto en la lista, argumentando que vino «a hacerme cargo porque quiero en Berisso el cambio y no el cargo«, suena más a pose publicitaria que a convicción genuina y será encabezada por Alejandro Aguirre.
La «lista violeta pura» que presenta LLA, «sin dinosaurios ni pichones de dinosaurios», es una frase marketinera vacía de contenido. Si realmente buscan el cambio, ¿por qué su coordinador se baja de la responsabilidad de ejercer la representación? Esta contradicción flagrante expone la falta de coherencia entre discurso y práctica.
La alianza táctica con sectores del PRO de Diego Santilli, representados localmente por Pablo Swar, muestra que las promesas de «nueva política» no pasan de ser marketing electoral. Los mismos políticos de siempre, con las mismas prácticas de siempre, pero con un packaging renovado.
El «desconcierto» que generó la decisión de Lagorio en los espacios aliados, quienes denunciaron que «el teléfono se apagó», revela la falta de diálogo y coordinación básica que debería tener cualquier fuerza política seria. Los «viejos del PRO» quedaron «mirando por la ventana», evidenciando que las alianzas en LLA dependen más del humor de sus dirigentes que de acuerdos programáticos sólidos.
Los frentes menores: Fragmentación y oportunismo

El resto del espectro político berissense no presentó un panorama más alentador. Unión y Libertad, con Daniel Del Curto como referente, exhibió modificaciones de último momento y «papelones» organizativos. La salida de Miguel Di Cianni del segundo lugar para «dejar su lugar a un militante joven» muestra improvisación y falta de planificación. Natalia Moracci liderará esta lista de concejales, seguida por Oscar Emeri, mientras que Eduardo Vidal encabeza la de consejeros escolares.
Las críticas despiadadas de Del Curto hacia La Libertad Avanza, tildándola de «Jurassic Park» por la presencia de «Francos, Bullrich, Karina Milei», no logran ocultar que su propio espacio es una «escisión» de LLA, es decir, un desprendimiento oportunista de quienes no consiguieron lugares en la lista principal.

El Frente de Izquierda presenta su búsqueda histórica de obtener un concejal como si fuera un logro en sí mismo, cuando en realidad evidencia décadas de irrelevancia política en el distrito con su reincidente candidato del PTS, Federico Surila, que insiste en ocupar un puesto en el poder con una lista, también, de reiterantes como él. Su «capitalización del descontento social» suena más a aprovechamiento electoral que a representación genuina de los trabajadores ya que sus líderes han demostrado se siempre fueron obsecuente al kirchnerismo al tal punto de acompañar a la presa con domiciliaria de Cristina Fernández de Kirchner.
Política Obrera, con su lista de «trabajadores, militantes barriales y referentes sociales», eufemismo para personas que solo repiten fórmulas desgastadas que no logran conectar con las necesidades reales de los berissenses. La propuesta encabezada localmente por Eduardo Molina asegura «poner en discusión una agenda de los sectores postergados» carece de especificidad y propuestas concretas.
El fracaso de la representación política

Lo ocurrido en el cierre de listas de Berisso no es un episodio aislado, sino la expresión más cruda del deterioro de la clase política argentina. Todos los espacios, sin excepción, priorizaron sus peleas internas, sus ambiciones personales y sus operaciones de marketing político por encima de las necesidades de los ciudadanos.
Las «candidaturas testimoniales» como la de Cagliardi representan la banalización de la función pública. Presentarse para no asumir es una burla a los electores y una confesión de que la política se ha convertido en un show mediático sin consecuencias reales.
Las operaciones denunciadas en Somos Buenos Aires revelan que la «nueva política» no es más que las mismas prácticas turbias de siempre, con operadores que manejan candidaturas desde las sombras mientras los dirigentes visibles se disputan espacios con demagogia barata.
La multiplicidad de listas en todos los frentes no refleja pluralidad democrática, sino incapacidad para construir consensos mínimos. Es la evidencia de que estos dirigentes no pueden ni siquiera ponerse de acuerdo entre ellos, ¿cómo pretenden gobernar para todos?
Un sistema político en crisis terminal

El «sospechoso corte de luz» que justificó la prórroga del cierre de listas es una metáfora perfecta del estado de la política berissense: apagones constantes, improvisación permanente y excusas inverosímiles para justificar la incompetencia.
Los berissenses merecen representantes que lleguen a las listas por sus méritos, sus propuestas y su compromiso genuino con el distrito, no por operaciones internas, lealtades espurias o poses marketineras. Lo que se vio en estos días es exactamente lo contrario: dirigentes que anteponen sus intereses personales al bien común.
Las elecciones del 7 de septiembre no serán una celebración democrática, sino una constatación dolorosa de la crisis terminal que atraviesa la representación política. Los candidatos que emergieron de este proceso no son la expresión de la voluntad popular, sino el resultado de negociaciones, operaciones y componendas que se realizan a espaldas de los ciudadanos.
La «tela por cortar» que mencionan las fuentes en los próximos días promete más espectáculos bochornosos, más traiciones reveladas y más heridos que buscarán venganza. Mientras tanto, los problemas reales de Berisso – la inseguridad, el desempleo, la falta de oportunidades para los jóvenes, el deterioro de los servicios públicos – quedan relegados a un segundo plano.
Este cierre de listas no marca el comienzo de una campaña electoral, sino la confirmación de que la política berissense atraviesa una de las crisis más profundas de su historia. Los ciudadanos tienen derecho a exigir mucho más de quienes aspiran a representarlos, y lo que han visto en estos días está muy lejos de esas expectativas mínimas.
La democracia no puede funcionar cuando los dirigentes políticos la convierten en un circo de ambiciones personales, operaciones turbias y poses vacías de contenido. Berisso se merece mejor, pero para conseguirlo necesitará una renovación completa de su clase política, algo que claramente no llegará con estos candidatos.
Sigue el canal de noticias de El Correo Gráfico en WhatsApp y mantente al día con las últimas novedades. ¡No te pierdas ninguna actualización!

Descubre más desde ELCORREOGRÁFICO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

