Los trabajadores del Astillero Río Santiago (ARS) protagonizaron el 21 de enero una multitudinaria protesta en La Plata que revela mucho más que un simple reclamo salarial. El rechazo al aumento del 4,5% acordado entre el gobierno de Axel Kicillof y la conducción provincial de ATE expone una profunda fractura sindical que atraviesa tanto al gremio como al propio peronismo bonaerense.
La movilización, que generó caos de tránsito en el centro platense según reportó El Día, forzó al gobierno provincial a establecer una mesa técnica para el 9 de febrero, aunque los trabajadores ya anunciaron que volverán a manifestarse si no obtienen respuestas concretas.
Rechazo masivo al acuerdo paritario

La decisión de rechazar la propuesta salarial no surgió de un grupo minoritario. En una asamblea general del Astillero, los trabajadores votaron masivamente contra el acuerdo que su propia conducción provincial de ATE había aceptado. Esta contradicción marca un desafío inédito de las bases locales hacia su estructura superior.
Según denunciaron los manifestantes, la oferta oficial del 4,5% encubre una realidad más dura. Jorge Smith, dirigente de la Agrupación Celeste, afirmó que «la marcha se hizo para rechazar el aumento, que en realidad es del 3%, y para reclamar un cambio en la política salarial».
El secretario general de ATE Ensenada, Francisco «Pancho» Banegas, expuso la magnitud del problema: frente a una inflación del 31,5%, los salarios solo alcanzaron un 26%, resultando en una pérdida de 5 puntos de poder adquisitivo. «Necesitamos mínimo un salario de un millón ochocientos mil pesos, estamos cobrando un millón», declaró Banegas tras la movilización.
Tensiones internas: un sindicato dividido

La protesta evidenció fracturas que van más allá de la negociación salarial. La seccional de Ensenada no solo desafió a la conducción provincial de ATE, sino que expuso sus propias divisiones internas. Sectores de izquierda, la combativa Agrupación Celeste y, significativamente, disidentes ligados al intendente de Ensenada Mario Secco —aliado clave de Kicillof— confluyeron en la movilización.
El momento de máxima tensión llegó cuando Banegas salió de la reunión con funcionarios provinciales y fue increpado por manifestantes que le gritaron «flojo, alcahuete de Kicillof, dejá de esperar y reclamá como corresponde». El episodio escaló a empujones y manotazos, revelando la profundidad del malestar interno.
Un pliego de demandas estructurales
Más allá del porcentaje salarial, los trabajadores pusieron sobre la mesa reclamos que apuntan a la estabilidad laboral y el futuro de la planta:
- Ingresos por bajas vegetativas: Cubrir los puestos de quienes se jubilan o retiran
- Recategorizaciones adeudadas: Actualización de categorías laborales
- Prioridad para hijos de empleados: Que las vacantes se cubran con familiares de trabajadores jubilados
Estas demandas demuestran una preocupación que trasciende el salario mensual y busca garantizar la continuidad de la empresa estatal a largo plazo.
El dilema de Banegas: entre la lealtad y la presión

La figura de Francisco «Pancho» Banegas encarna la contradicción central del conflicto. Como secretario general de ATE Ensenada, encabeza la movilización contra la oferta del gobierno. Sin embargo, no oculta su alineación política con el proyecto de Kicillof.
«Reconocemos el esfuerzo que hace el gobierno de la provincia, yo pertenezco al proyecto pero también es que uno tiene que representar a los trabajadores», expresó Banegas, sintetizando el delicado equilibrio que debe mantener entre la lealtad al oficialismo y la presión de unas bases cada vez más radicalizadas.
Esta tensión refleja el dilema que enfrentan muchos líderes sindicales peronistas ante gobiernos de su mismo signo político en un contexto de austeridad nacional.
Contexto de crisis institucional
El conflicto se desarrolla en un momento particularmente crítico para el Astillero Río Santiago. La empresa estatal, dependiente del Ministerio de Producción, atraviesa una «transición» institucional tras la renuncia de Pedro Wasiejko a la presidencia del Ente de Administración en agosto pasado.
A pesar de esta inestabilidad, la planta tiene proyectos en marcha: la construcción de un dique, la fabricación de lanchas para una empresa francesa que asegurarían cuatro años de trabajo, y la próxima reparación de la Fragata Libertad programada para febrero.
Un precedente que puede extenderse
Aunque técnicamente los empleados del Astillero no dependen del estatuto general sino de convenios propios de ARS S.A., su protesta se ha convertido en el primer gran conflicto «en la calle» contra el acuerdo paritario general del gobierno provincial.
Banegas advirtió sobre el efecto dominó: «Hoy es el Astillero, pero el mes que viene van a estar todos los estatales haciendo lo mismo». Su predicción cobra relevancia considerando que la Federación de Educadores Bonaerenses (FEB) también rechazó el acuerdo, aunque sin implementar medidas de fuerza hasta el momento.
Críticas al contexto nacional
Los líderes gremiales vincularon la crisis salarial provincial con las políticas del gobierno nacional. Banegas reconoció el «ahogo» financiero que el gobierno de Javier Milei ejerce sobre la provincia, mientras Jorge Smith propuso el «Impuesto a las Grandes Fortunas» como alternativa y afirmó que «si querés ir a fondo, hay que tocar intereses. Y si no cambia la política salarial, vamos a tener un problema».
Próximos pasos: mesa técnica del 9 de febrero

La movilización logró forzar al gobierno provincial a conformar una mesa técnica salarial programada para el 9 de febrero. Los funcionarios que recibieron a la delegación encabezada por Banegas se comprometieron a «trabajar para que el gobernador nos reciba», aunque sin confirmar fecha para dicha audiencia.
Los trabajadores de ATE Ensenada ya ratificaron que se movilizarán nuevamente el 9 de febrero para presionar durante las negociaciones. La respuesta del gobierno de Kicillof determinará si este conflicto se limita al Astillero o se expande a otros sectores del Estado provincial.
La protesta del 21 de enero, con el apoyo de la Federación Universitaria de La Plata (FULP), el Polo Obrero, el PTS y otras organizaciones de izquierda según informó El Día, incluyó el estallido de bombas de estruendo que tomaron por sorpresa a vecinos del casco urbano platense.
Este conflicto expone cómo las luchas de poder internas, las lealtades políticas cruzadas dentro del mismo peronismo y las demandas estructurales pesan tanto como las cifras de un aumento salarial. La pregunta central ya no es solo si Kicillof cederá, sino si el sindicalismo bonaerense podrá superar sus fracturas internas antes de que el descontento se generalice entre los empleados estatales.
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