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El impacto del ajuste en las mujeres: la dinámica del empleo y el Presupuesto 2019

     

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) realizó un análisis sobre el impacto laboral desfavorables para las mujeres en el tema, así como la falta de políticas y presupuesto del Estado, como la brecha en comparación de los hombres.

Las mujeres se encuentran entre las principales afectadas por el ajuste. Existe un punto de partida desigual, dado que las mismas realizan la mayor parte del trabajo reproductivo no remunerado, aspecto que condiciona el tipo de inserción laboral al que acceden. Mayor inserción en el trabajo no registrado, peores remuneraciones por penalidad en profesiones con carga de cuidado fuertemente feminizadas, y con menor disponibilidad horaria para acceder al trabajo productivo y remunerado.

De esta inserción laboral más precaria, surge la brecha salarial del 27% entre varones y mujeres, que, en contexto de caída del salario real y deterioro del mercado de trabajo, tiende a profundizarse. Esta aclaración es central en el marco de la discusión del Proyecto de Ley de Equidad de Género presentado por el oficialismo, que se propone el achicamiento de la brecha salarial entre sus objetivos. Sin embargo, se centra en el problema “a igual tarea, igual remuneración”, cuando el origen de la problemática tiene otras causas. Más de 200 mujeres sindicalistas junto a la Diputada Vanesa Siley presentaron un proyecto alternativo dando cuenta de estas falencias.

Recientemente se conocieron los datos de empleo para el segundo trimestre de 2018 mostrando un incremento de la tasa de desocupación (9,8%) con respecto a igual trimestre del año anterior (8,7%). En gran medida, la suba de la desocupación se explica por el crecimiento de la tasa de actividad femenina, que pasó del 46,8% a 48,5% entre segundos trimestres de 2017 y 2018 respectivamente. Es decir, que creció el porcentaje de mujeres que se volcó a la búsqueda de empleo. La tasa de actividad masculina, se mantuvo estable.

Del total de las mujeres que se volcaron a la búsqueda de empleo, una parte minoritaria consiguió trabajo, aunque en condiciones de precariedad. Estos “nuevo empleos” se explican íntegramente por el empleo asalariado en negro y, sobre todo, por el cuentapropismo.

La mayor parte de las mujeres se mantuvo en la condición de desocupadas. El aumento de la desocupación, que es dos puntos porcentuales más alta en el caso de las mujeres. Para el segundo trimestre de 2018, la tasa de desocupación en varones es del 9%, mientras que en las mujeres es del 11%. Para el caso de las mujeres de entre 14 y 29 años, la tasa de desocupación alcanzó el 21,50% (con particular intensidad en el conurbano bonaerense donde asciende a 24,6%) mientras que en el caso de los varones la tasa de desocupación para la misma categoría se ubica en 17,30%.

El incremento de la pobreza para el primer semestre de 2018 (27,3% según el INDEC) tiene particular impacto sobre las mujeres ya que el 60% de los hogares pobres con menores a cargo son monoparentales con jefatura femenina. La AUH cumple un rol central en los ingresos de estos hogares.

Sin embargo, lejos de la implementación de medidas tendientes a mejorar los ingresos de la AUH, la pérdida desde 2015 alcanza el 9,54% en promedio. Esto significa algo más que $160 mensuales, considerando la AUH de $1.683 en septiembre de 2018. El punto final de la serie (febrero de 2019), indica que, considerando las estimaciones inflacionarias del REM, los beneficiarios de AUH llegan a perder casi 13% de su poder adquisitivo, al igual que si se considera el promedio de 2018/2019 respecto de 2015.

El panorama para 2019 es aún menos alentador. El proyecto del Presupuesto 2019 detalla por primera vez las partidas presupuestarias destinadas a los programas con perspectiva de género. Sin embargo, más allá del aporte que representa esto para el análisis, se consta una caída real del 19,1% en el conjunto de estos programas con respecto al Presupuesto 2018. El total del gasto orientado con objetivos explícitos de género es, según el relevamiento efectuado por CEPA, de 4.623 millones de pesos, lo que representa sólo el 0,11% del gasto total o el 0,13% del gasto primario (excluidos los intereses).

Cuando se analiza programa por programa, se constata una caída en términos reales en todos y cada uno de los que se destinan a las problemáticas de género, algunos de ellos particularmente sensibles como el Instituto Nacional de la Mujer que cae 11% con respecto al Presupuesto 2018. Otras partidas relevantes caen incluso en términos nominales, como el caso del programa de Atención de la Madre y del Niño que manifiesta una caída del 68% nominal.

Una problemática que surge del análisis del Presupuesto es el alto grado de sub-ejecución que aparece en el Presupuesto 2018. La sub-ejecución del conjunto de los programas (hasta el mes de septiembre) fue del 61,7 por ciento.Además, fueron sub – ejecutadas partidas muy sensibles para las mujeres, en un año en el que se debatió el aborto legal, del presupuesto del Programa Desarrollo de la Salud Sexual y la Procreación Responsable sólo se usó un 24,2 por ciento.

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