El municipio de Ensenada ha implementado un innovador programa de padrinazgo comunitario que ha demostrado ser altamente efectivo en la reinserción social de adolescentes que han cometido delitos leves. Con una tasa de éxito del 98% y el reconocimiento de UNICEF y la Defensoría del Niño de la Nación, esta iniciativa se posiciona como un modelo alternativo al enfoque punitivo tradicional, apostando por la inclusión y el compromiso comunitario.
El programa, según publicó el diario La Nación, es impulsado por la Subsecretaría de Derechos Humanos de Ensenada, ha logrado que de los 78 adolescentes apadrinados, apenas dos hayan reincidido en actividades delictivas. En los últimos cinco años, 256 jóvenes de entre 13 y 19 años han participado del «Programa de inclusión para jóvenes y adolescentes en conflicto con la ley penal y adicciones«, demostrando que la reinserción comunitaria puede ser más efectiva que las medidas punitivas tradicionales.
Un sistema de apoyo integral
El eje central de la iniciativa consiste en conectar a jóvenes que han tenido problemas con la ley con vecinos dispuestos a apadrinarlos por un período de seis meses a un año. Este sistema de padrinazgo trasciende el simple apoyo económico, buscando crear vínculos significativos que puedan transformar las trayectorias de vida de los adolescentes.
La población objetivo del programa incluye a jóvenes de entre 13 y 19 años que han cometido delitos leves como hurtos, robos, agresiones y vandalismo, y que han ingresado al fuero de Responsabilidad Penal Juvenil. Estos adolescentes, en su mayoría, provienen de contextos de alta vulnerabilidad social y económica.
Pablo Azcárate, uno de los padrinos más comprometidos del programa, explica que el rol del padrino va más allá del apoyo económico: «Se busca que el padrino sostenga esa presencia y puedan comprometerse de alguna manera con la trayectoria de vida de los chicos», convirtiéndose en un referente significativo, casi un «familiar» para el adolescente.
Apoyo económico y oportunidades laborales

Cada padrino otorga una beca mensual de 28.000 pesos y facilita algún tipo de iniciación en el mundo laboral. Esta aproximación al trabajo no solo proporciona una fuente de ingresos, sino que también enseña responsabilidades y habilidades que pueden ser fundamentales para la inserción social de los jóvenes.
Los padrinos involucran a sus ahijados en diversas actividades laborales según sus propias profesiones y negocios. Pablo Azcárate, propietario de una remisería, ha apadrinado a tres jóvenes, involucrándolos en tareas como lavar autos o realizar trámites sencillos, mientras les aconseja sobre la importancia de estudiar o aprender un oficio.
Por su parte, Luis María Marchetti, farmacéutico y presidente del Club Náutico de Ensenada, quien ha apadrinado aproximadamente 14 jóvenes, los involucra en su farmacia para aprender sobre el negocio, hacer tareas de cadetería, o en trabajos de albañilería en el club. Marchetti está «convencido del poder de las oportunidades» y cree que este es «tan grande que es capaz de torcer trayectorias de vida que parecen haberse truncado antes de arrancar».
Inserción laboral y combate a la estigmatización
Una de las innovaciones más destacadas del programa es la ordenanza municipal que permite a los jóvenes con antecedentes penales por delitos leves que han completado satisfactoriamente el programa acceder a un empleo municipal. Esta medida es crucial, considerando que, como señala Carlos Dabalioni, subsecretario de Derechos Humanos de Ensenada, «que tengan antecedentes penales es una limitante porque nadie los toma».
Hasta la fecha, 40 jóvenes se han sumado a la planta de empleados del municipio, lo que representa un logro significativo en la lucha contra la estigmatización y la discriminación laboral que enfrentan estos adolescentes.
El programa busca específicamente «darle a los chicos la oportunidad para que puedan salir de la estigmatización permanente«, según explica Dabalioni. En pueblos pequeños como Ensenada, quien comete un delito es rápidamente apartado por la comunidad, convirtiéndose en «una molestia». El hecho de que un padrino apueste por ellos «favorece su reinserción» y contrarresta esta tendencia excluyente.
Educación y capacitación profesional

El objetivo principal del programa es que los jóvenes «retomen la escuela, aprendan un oficio y se aproximen al mundo del trabajo». Se ofrecen capacitaciones en diversos oficios como soldadura y barbería, a menudo en espacios gestionados por los propios padrinos.
Franco Agostinelli, propietario de una peluquería, es uno de los padrinos que ofrece capacitación directa en su establecimiento, permitiendo que los jóvenes aprendan un oficio mientras desarrollan habilidades sociales y laborales. Esta modalidad de aprendizaje práctico ha demostrado ser especialmente efectiva para jóvenes que han tenido dificultades con el sistema educativo tradicional.
Acompañamiento personalizado y apoyo psicológico
El programa cuenta con un equipo de seis operadores que trabajan individualmente con los jóvenes, proporcionando un acompañamiento personalizado que articula con la familia, la escuela y, en casos de consumo de sustancias, con SEDRONAR.
Los adolescentes deben asistir a una reunión semanal que funciona como «un espacio de escucha», según describe Dabalioni. Estos encuentros no solo sirven para monitorear el progreso de los jóvenes, sino que también les proporcionan un ambiente de contención y apoyo mutuo.
La Subsecretaría de Derechos Humanos supervisa los legajos de los jóvenes, que a menudo reflejan «carencias, vulneraciones y registros de aprehensiones». Este seguimiento permite adaptar las intervenciones a las necesidades específicas de cada caso.
Las raíces de la delincuencia juvenil
El programa reconoce que la delincuencia juvenil no es un fenómeno aislado, sino que está profundamente arraigada en un contexto de vulnerabilidad socioeconómica y desamparo familiar.
Muchos de estos jóvenes «crecen desamparados, sin referentes adultos» y «se crían prácticamente solos», como explica Dabalioni. La historia de Aaron, quien ingresó al radar de la subsecretaría a los 11 años con una madre presa y un abuelo criándolo «como podía», ilustra esta realidad de abandono temprano.
La pobreza y la falta de oportunidades son factores determinantes. Los jóvenes provienen de «hogares pobres donde impera el desempleo o el empleo informal» y están «jaqueados tanto por la droga como por la falta de oportunidades para ellos y también para sus familias».
Joaquín Aquino, ex infractor y ahora empleado municipal, relata su experiencia: «estaba cansado de escuchar a mis hermanitos llorar por hambre» y robaba para comprarles «zapatillas a sus hermanitos» y para él mismo, porque «me daba vergüenza ir a la escuela con las zapatillas rotas».
Abandono escolar y exclusión social

El abandono escolar es otro factor crítico que el programa busca abordar. Dabalioni lo describe como «la puerta giratoria de la escuela», señalando que las instituciones educativas y clubes «no siempre les abren las puertas» a estos jóvenes.
Esta exclusión institucional lleva a que «el pibe crece acostumbrándose a que el vecino lo eche y que la policía lo acose». El acoso policial se vuelve cotidiano después de la primera aprehensión, generando un ciclo de discriminación y aislamiento social.
Los jóvenes manifiestan sentir «discriminación por vestir gorra y ropa deportiva» y experimentan controles policiales constantes. Un joven participante del programa relató: «A mí, una vez me pararon tres veces en el mismo día», evidenciando la intensidad de esta vigilancia.
Falta de perspectiva de futuro
La situación de vulnerabilidad extrema hace que «pensar en un futuro es algo muy lejano para estos pibes, porque no tienen garantizado el presente», como observa Dabalioni. Esta falta de perspectiva se manifiesta en expresiones de desesperanza como «En ocho años tal vez estoy muerto».
El consumo temprano de drogas agrava esta situación. Los jóvenes «empiezan a consumir drogas a edades cada vez más tempranas», como en el caso de Aaron, quien presentaba problemas de consumo a los 13 años.
Historias de transformación

Los testimonios de éxito del programa ilustran su impacto transformador. Joaquín Aquino, quien tenía 15 causas por robo, logró reencauzar su vida y ahora tiene un trabajo estable, planes de comprar una casa y comprometerse. Su testimonio contrasta la experiencia del programa con los institutos de menores: «Se viven cosas terribles en los institutos. Hay pibes que salen más malditos y se desquitan con el primero que se les cruza».
Pablo Azcárate describe la emoción que siente al ver el progreso de sus ahijados: «se me pone la piel de gallina» al verlos reinsertados. Una de las primeras acciones de uno de sus ahijados después de completar un curso de instalación de aires acondicionados y conseguir trabajo estable fue compartir la noticia con él, demostrando la importancia del vínculo establecido.
El poder del compromiso comunitario

El programa de Ensenada se contrapone a la visión punitiva que prevalece en muchos debates sobre delincuencia juvenil, particularmente en discusiones sobre la baja de la edad de imputabilidad.
Luis María Marchetti expresa su filosofía de trabajo: «Si de 10 podemos recuperar a uno, este proyecto vale la pena». Esta perspectiva refleja una creencia profunda en el poder de las oportunidades y en la capacidad de transformación de los jóvenes cuando reciben el apoyo adecuado.
La Subsecretaría de Derechos Humanos de Ensenada se alinea con la creencia de que «la respuesta estatal no tiene que ser punitiva» sino que «el camino es otro: la inclusión». Esta filosofía se traduce en acciones concretas que han demostrado su efectividad.
Expansión y sostenibilidad del programa
Actualmente, el programa cuenta con 14 padrinos activos, pero la subsecretaría busca ampliar la red para poder ofrecer esta oportunidad a más jóvenes. La demanda supera la capacidad actual, lo que evidencia tanto el éxito del programa como la necesidad de expandir este modelo de intervención.
El programa también ha implementado un dispositivo de alojamiento transitorio para alojar a jóvenes aprehendidos por la policía, evitando que permanezcan en comisarías mientras se resuelve su situación procesal. Esta medida complementaria refuerza el enfoque integral del programa.
Un modelo de intervención social
El programa de padrinazgo de Ensenada representa un cambio paradigmático en el abordaje de la delincuencia juvenil. Al centrarse en las causas estructurales de la problemática —pobreza, exclusión social, falta de oportunidades— en lugar de aplicar únicamente medidas punitivas, ha logrado resultados que superan ampliamente las expectativas tradicionales.
La tasa de reincidencia extremadamente baja del programa contrasta significativamente con los resultados de los enfoques punitivos tradicionales. Mientras que en los institutos de menores los jóvenes pueden salir «más malditos», el programa de Ensenada los devuelve a la comunidad como ciudadanos productivos con perspectivas de futuro.
Reconocimiento internacional
El reconocimiento de UNICEF y la Defensoría del Niño de la Nación valida la efectividad del modelo implementado en Ensenada. Este aval institucional no solo legitima el programa sino que también puede facilitar su replicabilidad en otros municipios con problemáticas similares.
La metodología desarrollada en Ensenada demuestra que es posible abordar la delincuencia juvenil de manera efectiva cuando se cuenta con el compromiso comunitario y se implementan estrategias integrales que atacan las causas profundas del problema.
Desafíos y perspectivas futuras
A pesar de los logros obtenidos, el programa enfrenta desafíos en términos de sostenibilidad y escalabilidad. La necesidad de ampliar la red de padrinos requiere de estrategias de sensibilización y compromiso comunitario que permitan mantener la calidad del acompañamiento.
La articulación interinstitucional con escuelas, centros de salud, y otras organizaciones comunitarias sigue siendo fundamental para el éxito del programa. El trabajo con las familias también requiere de recursos adicionales y estrategias específicas para abordar las problemáticas estructurales que afectan a estos núcleos familiares.
Conclusión
El programa de padrinazgo comunitario de Ensenada se destaca como un modelo exitoso de intervención social para la delincuencia juvenil leve, basado en la premisa de que la inclusión y el apoyo comunitario son más efectivos que las respuestas punitivas.
Al abordar las causas subyacentes de la vulnerabilidad, ofrecer oportunidades educativas y laborales, y fomentar lazos de apoyo significativos, el municipio no solo reduce la reincidencia, sino que también transforma la vida de jóvenes que, de otra manera, quedarían atrapados en un ciclo de exclusión y delincuencia.
La baja tasa de reincidencia y los testimonios de los jóvenes y padrinos resaltan el valor de este enfoque en la construcción de una sociedad más inclusiva y justa. El programa demuestra que cuando una comunidad decide apostar por sus jóvenes más vulnerables, los resultados pueden superar todas las expectativas.
El modelo de Ensenada ofrece una alternativa concreta y efectiva a los debates sobre endurecimiento de penas o baja de la edad de imputabilidad, demostrando que la inversión en inclusión social no solo es más humana, sino también más eficaz en términos de seguridad ciudadana y cohesión social.

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