El Honorable Concejo Deliberante (HCD) de Berisso fue escenario el miércoles 6 de mayo de 2026 de un escándalo institucional sin precedentes que sacude los cimientos del gobierno municipal encabezado por el intendente Fabián Cagliardi. El secretario municipal de Seguridad, Gabriel Marotte, interrumpió de manera violenta una reunión de la Comisión de Transporte y lanzó amenazas explícitas de agresión física contra el concejal Federico Ruiz, su sucesor en el cargo y miembro del propio bloque oficialista. El hecho derivó en un frente inédito de repudio que reúne a la oposición en su totalidad y a la propia 62 Organizaciones Peronistas, mientras el Ejecutivo local mantiene un silencio que la dirigencia local ya lee como una decisión política.
La Comisión de Transporte había convocado a Marotte para avanzar en la redacción de una ordenanza de regulación del servicio de taxis en el distrito. Según consigna El Mundo de Berisso, el funcionario llegó acompañado por colaboradores de su área vinculados también a la actividad taxista, «cuya participación no estaba contemplada en la convocatoria». Cuando el concejal Ruiz, en su carácter de presidente de la comisión, invocó el reglamento interno que reserva las reuniones no públicas exclusivamente para ediles y personas citadas, Marotte reaccionó de manera desmedida.
Testigos presenciales coinciden en que el secretario de Seguridad elevó el tono a los gritos y lanzó una amenaza directa: «Ya te voy a encontrar en la calle y te voy a cagar a trompadas. Vos a mí no me vas a hacer más quilombo, me venís haciendo varias y no te lo voy a permitir». Tras el exabrupto, abandonó el edificio con portazos, dejando la sesión suspendida de hecho. Los gritos eran audibles desde la vereda, donde los taxistas convocados aguardaban el resultado del debate.
La paradoja institucional: el jefe de Seguridad que amenaza con violencia callejera
La fractura institucional que dejó al descubierto el episodio tiene una dimensión simbólica que ningún medio local pasó por alto: el funcionario responsable de garantizar la seguridad pública del distrito protagonizó en un recinto democrático la amenaza de una golpiza en la vía pública. Este contraste es el eje sobre el que gira el análisis de la prensa berissense, que cubrió el hecho con enfoques editoriales bien diferenciados pero convergentes en la gravedad del hecho.
Berisso Ya lo enmarcó como la «fractura expuesta» de una guerra interna que carcome los cimientos del oficialismo, destacando que la supuesta «víctima» de la campaña que denunciaba Marotte era nada menos que su antecesor directo en la Secretaría de Seguridad. Para este portal, el reglamento del HCD fue apenas el pretexto de una trama de rencores acumulados: la interna kirchnerista en Berisso ya no discute modelos de ciudad, sino que dirime poder mediante la intimidación personal.
Primera Página tomó la postura editorial más crítica, calificando la escena como propia de una «película de gángsters» donde un funcionario confunde la administración municipal con una estructura de mando mafiosa. El medio señala que Marotte se maneja con una «guardia pretoriana» compuesta por empleados y comunicadores afines, diseñada para blindar una gestión en Seguridad con números alarmantes. Lo más grave, según el portal, es el «silencio cómplice» del intendente Cagliardi: sostener en el cargo a un funcionario con ese «perfil psicológico» autoritario equivale a avalar el desprecio por las normas democráticas desde la cúspide del Ejecutivo.
Ahora Berisso centró su análisis en la transgresión procedimental: el funcionario intentó ingresar a una reunión cerrada con colaboradores y, según trascendió, con el propietario de un medio de comunicación local. La presidenta del cuerpo, Aldana Iovanovich, debió intervenir personalmente para intentar contener una situación que desbordó todos los protocolos internos. El portal plantea una paradoja sistémica de fondo: si el jefe de Seguridad desconoce y atropella las normas del Legislativo, ¿qué mensaje envía al resto de la ciudadanía?
Berisso Ciudad puso el foco en el impacto humano y la dimensión de género del episodio. El medio describe un clima de «angustia y vulnerabilidad» dentro del recinto, mencionando específicamente a las concejales Juana Murillo, Paola Ovejero y Carla Domínguez, quienes quedaron en estado de shock ante la virulencia del secretario. El análisis humaniza la crisis: no se trató únicamente de un cruce verbal entre varones del poder, sino de un desborde que alteró las condiciones mínimas de respeto para el ejercicio de la función legislativa de trabajadoras y legisladoras presentes.
El Mundo de Berisso focalizó en la interrupción del proceso legislativo: la ordenanza de taxis quedó sin tratamiento, y el Concejo en un estado de vulnerabilidad inédito ante el desacato de un funcionario del Ejecutivo al reglamento del Legislativo, lo que constituye una afectación directa a la división de poderes a escala municipal.
InfoBerisso describió el escándalo en el Concejo Deliberante como un episodio de «clima de máxima tensión institucional» y un «día de furia», calificando los hechos de un «atropello institucional sin precedentes». Tituló la nota con la amenaza explícita «Te voy a Cag@r a Trompadas», y resaltó la violencia verbal que estalló en la comisión. Subrayó el «ambiente de angustia» que afectó especialmente a las concejales mujeres presentes, criticó la gestión y el silencio sobre la continuidad del Secretario de Seguridad Gabriel Marotte, e interpretó el ingreso escoltado y el desafío al reglamento como el detonante de la crisis democrática.
Repudio unánime: oposición y peronismo en el mismo frente
Los bloques de La Libertad Avanza, UCR-AMUBE y Juntos por el Diálogo Federal emitieron un comunicado conjunto exigiendo que el funcionario sea apartado del cargo, sosteniendo que «no podemos naturalizar este tipo de situaciones dentro de las instituciones democráticas». Sus argumentos son categóricos: Marotte carece de la «responsabilidad y templanza» que el área de Seguridad exige, y su continuidad en el cargo implicaría validar la violencia verbal como herramienta de acción política.
A este reclamo se sumó un golpe de especial peso simbólico: la delegación Berisso de las 62 Organizaciones Peronistas, el «sello de goma sindical» expresó su repudio enérgico, exigiendo que los funcionarios enfrenten las consecuencias legales y sociales de sus actos y calificando el hecho como «violencia institucional». Es el propio movimiento peronista el que le marca la cancha a un funcionario de su mismo signo político, en lo que representa una fractura de enorme costo para el gobierno de Cagliardi.
El silencio del Ejecutivo como dato político
El intendente Fabián Cagliardi no emitió ninguna declaración pública sobre los hechos al cierre de esta edición. Ese silencio, leído en clave política por la mayoría de los medios locales, aparece como una decisión de sostener a un «hombre de confianza» pese al costo reputacional. No es un dato menor: Marotte fue designado en la Secretaría de Seguridad «en conjunto con el intendente Fabián Cagliardi», quien le pidió que colaborara desde un área «sensible» y con fuerte demanda social, lo que convierte al jefe comunal en el primer responsable político de la continuidad del funcionario.
Ruiz renuncia y asume Marotte en una gestión paupérrima en seguridad
La próxima sesión ordinaria del HCD será el escenario donde se definirá la suerte institucional de Marotte, con pedidos de informe y una posible interpelación que los bloques opositores ya anuncian como inevitable. Berisso observa cómo una gestión que invoca permanentemente el orden y la convivencia enfrenta la más profunda de sus contradicciones: un jefe de Seguridad que promete violencia callejera en el corazón del poder legislativo local.
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