El intendente Mario Secco anunció oficialmente el 28 de julio de 2025 la reanudación de las obras de la segunda etapa de la «Autovía» Camino Rivadavia utilizando fondos y maquinaria municipal propia, tras más de siete años de paralización que tuvieron su origen en el entramado de corrupción kirchnerista investigado en la causa de los «cuadernos». Esta decisión llega después de que múltiples administraciones nacionales y provinciales abandonaran el proyecto, dejando a los ciudadanos de Ensenada, Berisso y La Plata expuestos a graves riesgos de seguridad vial.
La obra del Camino Rivadavia, una arteria clave que conecta La Plata y Ensenada como Ruta Provincial 13, se convirtió en símbolo del desmanejo y la corrupción que caracterizó la gestión de obras públicas durante más de una década. Lo que inicialmente fue adjudicado en 2011 durante la presidencia de Cristina Kirchner, se transformó en una saga de interrupciones, escándalos y disputas políticas que dejaron a los vecinos como principales perjudicados.
El origen del escándalo: Corrupción kirchnerista y fondos desviados

La UTE Esuco-Helport, adjudicataria del proyecto de ensanche, formó parte del entramado de malversación de fondos públicos investigado en la causa de los «cuadernos de las coimas» o «de la corrupción», aunque el kirchnerismo/peronismo usa el eufemismo «fotocopias». Carlos Wagner, propietario de ESUCO, y Eduardo Eurnekian de Helport, fueron señalados como parte de la trama que involucraba al Ministerio de Planificación bajo la dirección de Julio De Vido y José López, junto a la Dirección Nacional de Vialidad.
Camino Rivadavia: ¿Dónde están los fondos para su repavimentación?
El sistema operativo era claro: Nación enviaba fondos a la provincia de Buenos Aires bajo la gestión de Daniel Scioli, quien actuaba como pagador y controlador de las empresas adjudicatarias. Sin embargo, a pesar de que «el dinero desde Nación salió» tanto en 2011 como posteriormente en 2021 bajo el gobierno de Alberto Fernández, la obra «jamás se terminó» y «todavía está inconclusa«, según reconocieron fuentes oficiales.
El Camino Rivadavia: obras paralizadas por la gestión de Cambiemos
Esta situación evidencia un patrón de desvío de fondos públicos que se repetiría en múltiples obras de infraestructura durante los gobiernos kirchneristas, donde los recursos destinados a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos terminaban en bolsillos privados mientras las obras quedaban incompletas o directamente paralizadas.
Luego de un «inpass», Cambiemos retomó la obras incloclusas del Camino Rivadavia en Ensenada
La gestión Secco: Entre excusas y contradicciones
La actitud del intendente Mario Secco a lo largo de estos años ha generado serias dudas sobre su transparencia y eficiencia en la gestión municipal. Durante más de siete años, Secco argumentó que estaba «legalmente imposibilitado» de intervenir en la obra, alegando que no estaba en la «órbita municipal» y que dependía exclusivamente de decisiones del gobierno nacional.
Ediles Sekista con los trabajadores de la obra vial paralizada en Camino Rivadavia
Nicolás Secco, hijo del intendente, declaró que «si no se desvincula de la obra, nosotros no podemos continuarla«, refiriéndose a las supuestas trabas legales que impedían la intervención municipal. Sin embargo, la repentina decisión de julio de 2025 de retomar la obra con recursos propios ha puesto en evidencia lo que muchos vecinos ya sospechaban.
Daniel Grozo, vecino de Ensenada, expresó la frustración ciudadana: «¿Alegría? ¡Obvio! Pero ¿no era que legalmente estaban imposibilitados? Es lo que nos venían diciendo desde que asumió el impresentable de Milei… Hoy parece que en realidad sí lo podían arreglar. ¿Todo este tiempo nos mintieron en la cara?«
Esta pregunta resume el sentimiento de engaño que muchos ensenadenses experimentan ante las contradicciones en el discurso oficial. Si el municipio tenía la capacidad técnica y legal para ejecutar la obra, ¿por qué esperó hasta que la situación se volviera insostenible desde el punto de vista político y de seguridad vial?
El costo humano: Accidentes y abandono

Mientras las disputas políticas se desarrollaban en despachos y medios de comunicación, los ciudadanos de la región sufrían las consecuencias directas del abandono. El deteriorado estado del Camino Rivadavia, con «piedras desparramadas» y tramos «a medio hacer«, provocó un aumento significativo en los accidentes de tránsito.
La falta de luminarias, retiradas por solicitud provincial durante la gestión de María Eugenia Vidal y nunca repuestas, convirtió el trayecto en un «verdadero peligro para los automovilistas«, especialmente durante las horas nocturnas. Motociclistas y ciclistas se convirtieron en las principales víctimas de esta negligencia, enfrentando un «terreno propicio para accidentes» en una vía que debería ser segura y eficiente.
La paralización también tuvo un impacto laboral devastador. Un centenar de trabajadores quedaron sin empleo cuando las obras se detuvieron, afectando a aproximadamente 90 familias que dependían de estos puestos de trabajo. El Interbloque Sekista, liderado por Silvina Nardini, se acercó a dialogar con los trabajadores afectados, pero las soluciones concretas nunca llegaron.
Disputas políticas y evasión de responsabilidades

La obra del Camino Rivadavia se transformó en un campo de batalla político donde cada administración buscaba transferir responsabilidades a otros niveles de gobierno. Durante la gestión de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, las obras fueron paralizadas oficialmente debido a la investigación de la «causa de los cuadernos» y el embargo de las empresas involucradas.
María Marta Gianastassio, ex concejal del bloque Cambiemos, defendió la posición de su gobierno: «El gobierno no abandonó la obra, sino las empresas embargadas. Pasado el tiempo procesal, se tiene que relicitar y cuando se termine, quedará para siempre y lo habrá hecho Cambiemos, después de que nadie jamás la hizo«.
Sin embargo, concejales como Gustavo Asnaghi y Fernanda Iveli celebraron en marzo de 2018 el supuesto reinicio de las obras, atribuyendo el «compromiso del Presidente Mauricio Macri» y la gobernadora Vidal. Esta «reactivación» resultó ser temporal, ya que para 2019 la obra estaba nuevamente paralizada.
Jorge Núñez, Secretario de Obras Públicas de Ensenada, reconoció en 2019 que la obra estaba «totalmente paralizada» y que el gobierno nacional «no tenía ningún interés en retomar la obra«, con un costo que ya había superado los mil millones de pesos.
La administración Milei y el freno definitivo

La llegada de Javier Milei a la presidencia marcó un nuevo capítulo en la saga del Camino Rivadavia. La política de recorte del gasto público y la paralización de obras públicas federales afectó directamente este proyecto, junto a aproximadamente 1.000 proyectos de infraestructura en la provincia de Buenos Aires.
Un cartel municipal instalado en la obra indicaba que había sido suspendida por «falta de envío de fondos» del gobierno nacional, mientras Nicolás Secco acusaba a Milei de actuar «de manera intencionada» para que el oficialismo local asumiera el costo político.
Federico Bojanovich, representante de La Libertad Avanza, contraatacó señalando que la paralización no se debía a la falta de fondos nacionales sino a la «falta de voluntad» del gobernador Axel Kicillof. Esta disputa evidenció cómo la obra se había convertido en moneda de cambio político entre diferentes niveles de gobierno.
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Kicillof y la búsqueda de alternativas financieras
Ante el cese del financiamiento federal, el gobernador Axel Kicillof anunció la emisión de un bono de $100.000 millones destinado exclusivamente a infraestructura para mitigar el impacto de la suspensión de proyectos federales. Pablo López, ministro de Economía provincial, afirmó que la paralización «representa una amenaza para la infraestructura y los servicios públicos, sino también para la creación de empleo y la dinámica económica«.
No obstante, esta medida tardía no logró evitar que el Camino Rivadavia siguiera deteriorándose, ni que los ciudadanos continuaran expuestos a riesgos evitables. La provincia tampoco ejerció presión suficiente sobre las empresas contratistas o buscó alternativas para resolver el conflicto de manera expeditiva.
La decisión tardía: ¿Estado presente o oportunismo político?

El 26 de julio de 2025, Mario Secco finalmente anunció que el municipio «intervendría directamente y retomaría los trabajos con fondos y maquinaria propia» para la segunda etapa de la Autovía Rivadavia. La decisión se centró en los 300 metros contiguos a la rotonda que conecta con el Camino Néstor Kirchner, presentándola como una muestra del «Estado presente«.
El comunicado municipal señaló: «Pese a las trabas impuestas por el Gobierno Nacional, el Municipio se hace cargo de esta obra: con fondos propios y maquinaria municipal, levantamos la bandera del Estado presente para transformar cada sector de nuestra ciudad«.
Si bien esta decisión fue recibida con alivio por parte de los vecinos, también generó interrogantes legítimos sobre la gestión municipal. ¿Por qué esta capacidad de acción no se utilizó antes? ¿Fueron reales las limitaciones legales alegadas durante años, o se trató de una estrategia para evitar asumir costos políticos y económicos?
«La Posta Ensenada» cuestionó directamente: si el municipio «sí lo podía arreglar«, entonces «todo este tiempo nos mintieron en la cara» sobre la imposibilidad de intervenir sin habilitación nacional.
Patrón de ineficiencia en la gestión Secco

La controversia del Camino Rivadavia no es un caso aislado en la gestión de Mario Secco. El intendente ha mostrado un patrón recurrente de transferir responsabilidades a otros niveles de gobierno mientras mantiene un discurso confrontativo que busca capitalizar políticamente las crisis sin asumir los costos de las soluciones.
Durante la gestión de Vidal, Secco reclamó insistentemente la continuidad de la repavimentación a través de su diputada Susana González, mientras criticaba la supuesta «desvinculación de los fondos Kirchneristas«. Sin embargo, cuando tuvo la oportunidad de asumir un rol proactivo, optó por mantener una posición reactiva que prolongó innecesariamente el sufrimiento de los ciudadanos.
La demora en la iluminación del camino es otro ejemplo de esta ineficiencia. En 2019, Secco anunció que el municipio «se haría cargo de la iluminación» después de que las luminarias fueran retiradas por solicitud provincial. Sin embargo, esta promesa tardó años en concretarse, dejando a los ensenadenses transitando por una vía oscura y peligrosa.
El costo de la politización de la obra pública

La historia del Camino Rivadavia ilustra vívidamente los costos de la politización excesiva de la obra pública en Argentina. Cada cambio de gestión implicó revisiones, paralizaciones y disputas que terminaron perjudicando a los ciudadanos que necesitaban una infraestructura básica para su seguridad y desarrollo económico.
La causa de los cuadernos reveló cómo las obras públicas se habían convertido en mecanismos de enriquecimiento ilícito durante los gobiernos kirchneristas, con empresarios como Carlos Wagner utilizando proyectos de infraestructura para desviar fondos públicos. Sin embargo, la respuesta de las administraciones posteriores también mostró limitaciones importantes en términos de continuidad y eficiencia.
La gestión de Cambiemos priorizó la revisión de licitaciones y el distanciamiento de empresas comprometidas, pero no logró generar alternativas viables en tiempos razonables. La administración Fernández anunció reactivaciones que nunca se concretaron completamente, mientras que el gobierno de Milei optó por una paralización masiva que afectó obras esenciales.
Impacto económico y social del abandono

Más allá de las disputas políticas, el abandono del Camino Rivadavia generó costos económicos y sociales significativos para la región. La vía es un «acceso clave para la circulación y el desarrollo económico» que conecta zonas industriales, comerciales y residenciales de importancia estratégica.
La inseguridad vial provocada por el mal estado del camino no solo aumentó los riesgos para los usuarios, sino que también encareció los costos de transporte de mercancías y dificultó el desarrollo de actividades económicas que dependen de una conectividad eficiente.
Los accidentes de tránsito generaron costos adicionales en términos de atención médica, pérdidas de productividad y sufrimiento humano que podrían haberse evitado con una gestión más eficiente. Las familias afectadas por estos incidentes pagaron el precio más alto de la inoperancia del Estado en sus diferentes niveles.
La necesidad de transparencia y rendición de cuentas
La reanudación de las obras por parte del municipio de Ensenada plantea preguntas importantes sobre transparencia y rendición de cuentas en la gestión pública. Los ciudadanos tienen derecho a saber por que se les dijo durante años que era imposible avanzar con la obra cuando aparentemente sí existían alternativas.
La comunicación oficial debe ser coherente y basada en información verificable. Si existían limitaciones legales reales, estas debieron explicarse detalladamente y acompañarse de acciones concretas para superarlas. Si, por el contrario, se trató de una decisión política de no asumir costos, esta también debió comunicarse con honestidad.
La especulación política en torno a obras de infraestructura esencial es incompatible con una gestión responsable que priorice el bienestar ciudadano por encima de los cálculos electorales. Los vecinos de Ensenada, Berisso y La Plata merecen funcionarios que asuman sus responsabilidades de manera proactiva y transparente.
Lecciones y perspectivas futuras
El caso del Camino Rivadavia ofrece lecciones importantes para mejorar la gestión de obras públicas en Argentina. En primer lugar, es fundamental establecer mecanismos de continuidad que eviten que los cambios de gestión política paralicen proyectos esenciales para la comunidad.
En segundo lugar, se necesitan sistemas de control más efectivos que detecten y sancionen tempranamente los casos de corrupción sin que esto implique la paralización indefinida de obras necesarias. La transparencia en los procesos licitatarios y la supervisión ciudadana pueden contribuir a prevenir estos problemas.
En tercer lugar, los diferentes niveles de gobierno deben desarrollar mecanismos de coordinación más eficientes que eviten las disputas interminables sobre competencias y responsabilidades. Los ciudadanos no pueden ser rehenes de estas disputas burocráticas y políticas.
Finalmente, es necesario fortalecer las capacidades técnicas y financieras de los gobiernos locales para que puedan responder de manera más autónoma a las necesidades de infraestructura de sus comunidades, sin depender exclusivamente de decisiones de niveles superiores de gobierno.
La decisión de Mario Secco de retomar la obra con fondos municipales, aunque tardía y generadora de interrogantes sobre su gestión anterior, representa un paso en la dirección correcta. Sin embargo, los ciudadanos tienen derecho a exigir que este tipo de proactividad se convierta en la norma y no en la excepción, y que la transparencia en la comunicación oficial sea un principio fundamental de la gestión pública.
La historia del Camino Rivadavia debe servir como recordatorio de que la obra pública no puede ser moneda de cambio político ni campo de batalla entre facciones. Su propósito es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, y este objetivo debe mantenerse como prioridad absoluta, independientemente de las circunstancias políticas del momento.

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