Los trabajadores de Acerías Berisso mantienen tomada la planta industrial ubicada en la calle 128 entre 61 y 62 desde el pasado 23 de octubre, en un conflicto que pone en riesgo el futuro laboral de casi 60 familias de la ciudad. La medida de fuerza, calificada por los empleados como una «permanencia pacífica», es el punto culminante de una crisis que se viene gestando desde abril de 2025 y que enfrenta a los obreros con la nueva dirección de la empresa por incumplimientos salariales, despidos injustificados y deterioro de las condiciones de trabajo.
La fábrica de Berisso, con más de medio siglo de historia en la localidad, representa uno de los pilares productivos de la comunidad. El conflicto trasciende lo meramente laboral para convertirse en un símbolo de la lucha obrera por la defensa de las fuentes de empleo en una ciudad cuya identidad está profundamente ligada al trabajo industrial.
Seis meses de tensión: los antecedentes del conflicto laboral

La toma de la acería no fue una decisión repentina, sino la culminación de una crisis que se venía desarrollando durante varios meses. Desde abril de 2025, los empleados nucleados en la UOM (Unión Obrera Metalúrgica) y ASIMRA comenzaron a denunciar una serie de irregularidades que apuntaban directamente a la gestión de los nuevos propietarios, quienes se habían convertido en socios mayoritarios menos de un año antes.
Los delegados sindicales sostienen que el deterioro de las condiciones laborales se aceleró tras el cambio en la dirección de la empresa. Entre las principales denuncias que los trabajadores venían manifestando desde hace meses se encuentran:
Los incumplimientos salariales se convirtieron en una constante, con demoras recurrentes en los pagos y fraccionamiento de los sueldos en cuotas. La situación llegó a tal extremo que la empresa acumuló una deuda de hasta dos quincenas completas con sus empleados, generando una situación de angustia económica en las familias que dependen de esos ingresos.
Las condiciones de higiene y seguridad dentro de la planta también se deterioraron notablemente. Los trabajadores reportaron condiciones precarias en áreas básicas como baños y comedores. Uno de los casos más graves fue la falta de entrega de calzado de trabajo adecuado, lo que provocó que algunos operarios sufrieran quemaduras en los pies durante sus labores, evidenciando un desprecio por las normas básicas de seguridad laboral.
Los delegados gremiales también denunciaron lo que calificaron como «errores administrativos» y un mal manejo general de la acería por parte de la nueva dirección, que según su visión, estaba llevando a la empresa a una situación insostenible.
Adicionalmente, se produjeron despidos sin causa justificada, algunos de ellos con propuestas de indemnización fraccionada en cuotas, una práctica que generó una constante incertidumbre entre la plantilla de trabajadores, quienes no sabían cuándo les tocaría ser los próximos en perder su fuente de empleo.
Dos versiones enfrentadas sobre el origen de la crisis

Ante la escalada de tensión, la empresa y los trabajadores presentaron versiones completamente contrapuestas sobre el origen de la crisis, evidenciando una ruptura total en el diálogo entre ambas partes.
La dirección de la acería argumentó que la recesión económica y los constantes paros sindicales impedían la producción normal de la planta. Según la patronal, acudieron en siete oportunidades al Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires para denunciar esta situación. La empresa sostuvo que «nosotros no podemos garantizar el cobro si no hay producción», trasladando la responsabilidad de los incumplimientos salariales a la falta de actividad productiva.
Por su parte, el directivo de la UOM, Pablo Acuña, junto con otros delegados sindicales, respondieron categóricamente que las medidas de fuerza siempre fueron una reacción directa a los incumplimientos previos de la empresa. «Siempre que paramos fue porque no nos pagaban o por despidos sin causas», declaró Acuña, dejando en claro que los trabajadores no iniciaron el conflicto, sino que respondieron a él.
Con el diálogo completamente roto y las posturas irreconciliables, la fábrica de Berisso se convirtió en un escenario de alta tensión donde solo faltaba el detonante final para que la situación estallara.
El lockout del 6 de octubre: el punto de quiebre definitivo

El lunes 6 de octubre de 2025 marcó un antes y un después en el conflicto. Ese día, los trabajadores llegaron a sus puestos de trabajo y encontraron la actividad de la empresa completamente paralizada, sin que hubiera mediado ningún aviso previo. Este hecho fue interpretado por los empleados como un cierre patronal o lockout, una medida unilateral de la patronal que agotó definitivamente la paciencia de los obreros.
La percepción de que la empresa había cerrado deliberadamente la planta sin previo aviso generó una profunda indignación entre los trabajadores, quienes vieron en esta acción un intento de forzar una situación de hecho que los perjudicara.
Intentos de mediación: el rol del Ministerio de Trabajo

Tras la paralización del 6 de octubre, el Ministerio de Trabajo bonaerense intervino activamente para mediar en el conflicto, buscando una solución que permitiera preservar las fuentes de empleo. Sin embargo, todos los intentos de acuerdo resultaron infructuosos.
La intervención inicial del Ministerio logró un regreso temporal a la producción mediante el establecimiento de una «guardia mínima» de 10 trabajadores. Esta medida fue concebida como un primer paso para normalizar la situación mientras se negociaba una solución de fondo.
Posteriormente, el Ministerio de Trabajo propuso a la empresa un plan integral que incluía la renegociación de su deuda con el Banco Provincia y el pago de una asignación no remunerativa a los empleados, con el compromiso explícito por parte de la patronal de no efectuar despidos. Sin embargo, los dueños de la acería no aceptaron esta propuesta, cerrando la puerta a una posible salida negociada.
El miércoles previo a la toma de la planta, la empresa presentó una contrapropuesta de «readecuación» que contemplaba mantener la actividad productiva pero sosteniendo únicamente 30 puestos de trabajo. Esta propuesta implicaba el despido de aproximadamente la mitad del personal, una medida que los trabajadores consideraron inaceptable.
Con la propuesta de despidos masivos sobre la mesa y sin perspectivas de que la empresa modificara su postura, la negociación se rompió definitivamente. Para los obreros, el tiempo de esperar había terminado y era el momento de tomar una medida de fuerza contundente para defender sus fuentes de trabajo.
23 de octubre: los trabajadores ocupan la acería

El jueves 23 de octubre de 2025, los trabajadores de Acerías Berisso dieron el paso definitivo e iniciaron una «permanencia pacífica» o «toma pacífica» dentro de las instalaciones de la planta. La ocupación fue organizada de manera coordinada por los delegados de la UOM y ASIMRA, con el respaldo de la totalidad de los empleados.
El reclamo de los trabajadores era claro y concreto: recuperar los salarios adeudados y garantizar la continuidad de todos los puestos de trabajo. «Estamos reclamando lo adeudado nada más», explicó uno de los empleados durante la ocupación. Carlos Lazarte, delegado de la UOM, lo resumió de manera contundente: «Queremos trabajar y cobrar, no queremos otra cosa».
La frase de Lazarte sintetiza el espíritu de la protesta: los trabajadores no están pidiendo privilegios ni concesiones extraordinarias, simplemente reclaman su derecho básico a trabajar en condiciones dignas y cobrar sus salarios en tiempo y forma.
Reacción empresarial: amenaza de desalojo por la fuerza pública

La respuesta de la patronal a la ocupación fue inmediata y confrontativa. Los dueños de la empresa se presentaron en el lugar acompañados por una escribana con el objetivo de constatar formalmente la ocupación de las instalaciones. En ese momento, advirtieron a los trabajadores que, si no abandonaban voluntariamente la planta, solicitarían el desalojo mediante la intervención de la fuerza pública.
Esta amenaza elevó significativamente la tensión del conflicto, generando preocupación entre los trabajadores y sus familias sobre una posible represión policial. La ocupación de la acería desató una onda expansiva que movilizó no solo a las fuerzas de seguridad, sino también a toda una comunidad dispuesta a defender la fuente de trabajo.
Movilización comunitaria: Berisso se solidariza con sus trabajadores

En las horas y días que siguieron a la ocupación, el conflicto trascendió los muros de la fábrica, generando un fuerte apoyo comunitario. El ambiente fuera de la planta se cargó de solidaridad, con familiares, amigos y vecinos de los trabajadores congregándose de forma pacífica en los portones de la acería para expresar su respaldo al reclamo.
Esta movilización comunitaria refleja la importancia que la fábrica tiene para Berisso, no solo como fuente de empleo directo para casi 60 familias, sino también como parte fundamental del tejido social y económico de la ciudad. La solidaridad de la comunidad se convirtió en un factor clave para sostener la moral de los trabajadores durante la ocupación.
La tensión escaló notablemente el viernes 24 de octubre, cuando la Policía Bonaerense intentó llevar a cabo un desalojo que finalmente no se concretó. Según trascendió, la orden habría sido aplazada hasta el lunes siguiente, tras la realización de las elecciones legislativas del domingo. Sin embargo, la amenaza quedó latente, manteniendo a los trabajadores y sus familias en un estado de alerta permanente.
Intervención de las autoridades: el respaldo del demagogo Cagliardi

Tanto el gobierno municipal como el provincial intervinieron activamente en el conflicto, aunque con enfoques y niveles de compromiso diferentes.
El intendente de Berisso, Fabián Cagliardi, manifestó un respaldo explícito a los obreros desde el primer momento. A través de un comunicado público, el jefe comunal afirmó con contundencia: «Como Intendente, voy a estar siempre del lado de los trabajadores». Esta declaración dejó en claro la posición del municipio frente al conflicto.
Cagliardi, el intendente que desató la indignación durante la pandemia de COVID-19, vuelve a meterse en un tema controversial. En un acto de desprecio absoluto hacia los derechos laborales, despidió a un trabajador de su propia empresa familiar, AVISTAR SRL, en plena crisis sanitaria. Este despido no solo fue un ataque a la dignidad humana, sino una clara violación del DNU emitido por el presidente Alberto Fernández. Hoy, este mismo Cagliardi, que ha demostrado ser un verdadero demagogo en su gestión municipal, se atreve a defender la causa de una empresa privada en disputa con trabajadores agremiados a un sindicato. La doble moral de este intendente ha quedado expuesta, y la comunidad no puede permanecer callada ante tal hipocresía.
Cagliardi viola DNU en plena cuarentena dejando sin sustento a un obrero con su familia
De esta manera Cagliardi con su gobierno municipal activó un operativo de contención que involucró a las Secretarías de Seguridad y de Desarrollo Social, con el objetivo de coordinar acciones de acompañamiento a las familias afectadas por el conflicto. Esta intervención incluyó tanto el monitoreo de la situación mediante la vigilancia del COM y Control Urbano que pagan los berissenses para «mejorar» la seguridad, en las inmediaciones de la planta como el apoyo social a los trabajadores y sus familias durante el período de ocupación.

El rol mediador del Ministerio de Trabajo bonaerense
El Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires asumió un rol de mediador central en el conflicto, reconociendo la gravedad de la situación. La cartera laboral provincial confirmó que la crisis se originó por «dificultades económicas» de la empresa, una caracterización que validó en parte el reclamo de los trabajadores.
El Ministerio declaró que su principal objetivo era «preservar la actividad productiva y garantizar los puestos de trabajo», reconociendo explícitamente la importancia histórica de la acería para la matriz industrial de la región. Esta postura evidenció la preocupación del gobierno provincial por evitar el cierre definitivo de una fuente de empleo tan significativa para Berisso.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de mediación y de las propuestas presentadas, el Ministerio de Trabajo no logró destrabar el conflicto ni conseguir que las partes llegaran a un acuerdo satisfactorio.
Un conflicto que refleja la crisis industrial argentina
La situación de Acerías Berisso no es un caso aislado, sino que refleja una problemática más amplia que afecta al sector industrial argentino. La recesión económica, la caída en la demanda, las dificultades de financiamiento y los problemas de gestión empresarial se combinan para poner en riesgo numerosas fuentes de empleo en todo el país.
Para Berisso, una ciudad cuya identidad está profundamente vinculada al trabajo industrial desde hace décadas, el conflicto en la acería tiene un significado que trasciende lo meramente económico. Se trata de la defensa de un modo de vida, de una tradición laboral y de la dignidad de familias enteras que dependen del trabajo en la planta.
Los trabajadores metalúrgicos de Berisso son herederos de una larga tradición de lucha sindical en la Argentina. La ocupación de la planta se inscribe en esa historia de resistencia obrera frente a los intentos de cierre o vaciamiento de empresas, una práctica que lamentablemente se ha repetido en múltiples ocasiones en diferentes sectores industriales del país.
Asamblea permanente: los trabajadores sostienen la ocupación
Al cierre de esta edición, la planta de Acerías Berisso permanece tomada por sus trabajadores, quienes se encuentran en «asamblea permanente» y mantienen una «retención de tareas» a la espera de una solución al conflicto. La ocupación se sostiene de manera pacífica pero firme, con los obreros organizados en turnos para mantener la presencia dentro de las instalaciones las 24 horas del día.
Los delegados sindicales continúan abiertos al diálogo pero sostienen que no aceptarán ninguna propuesta que implique despidos masivos o el abandono del reclamo por los salarios adeudados. La consigna sigue siendo la misma que expresó Carlos Lazarte: trabajar y cobrar.
El futuro incierto de 60 familias berisenses
El futuro de la fábrica y de sus más de 50 empleos directos sigue siendo profundamente incierto. Las negociaciones continúan estancadas, con posturas irreconciliables entre la empresa y los trabajadores. La amenaza de un cierre definitivo se cierne sobre la planta, lo que no solo significaría la pérdida de empleos directos, sino también el impacto negativo en los comercios y servicios de la zona que dependen indirectamente de los ingresos de estos trabajadores.
Las familias de los obreros viven día a día con la angustia de no saber qué pasará con su fuente de ingresos. Muchos de ellos tienen décadas de antigüedad en la empresa y han construido su vida entera alrededor de ese trabajo. La posibilidad de perder su empleo en un contexto económico tan difícil genera una preocupación que trasciende lo laboral para afectar profundamente su estabilidad emocional y familiar.
Un símbolo de la lucha por el trabajo digno
El conflicto en Acerías Berisso se ha convertido en un símbolo de la lucha de los trabajadores por la defensa de sus fuentes de empleo y por salarios dignos frente a una crisis empresarial. La ocupación pacífica de la planta representa la determinación de los obreros de no resignarse ante el cierre o el vaciamiento de su fuente de trabajo.
La solidaridad de la comunidad berisense con los trabajadores demuestra que, más allá de las diferencias ideológicas o políticas, existe un consenso social sobre la importancia de defender las fuentes de trabajo locales, especialmente en empresas con historia y arraigo en la ciudad.
El caso también plantea interrogantes más amplios sobre el modelo productivo y la política industrial en la Argentina. ¿Cómo se evita que empresas con décadas de historia cierren sus puertas? ¿Qué rol debe jugar el Estado en la preservación de las fuentes de empleo? ¿Cuál es la responsabilidad social de los empresarios frente a sus trabajadores y la comunidad?
La importancia histórica de la acería para Berisso
La acería no es solo un lugar de trabajo para sus empleados, sino un componente fundamental de la identidad industrial de Berisso. Durante más de medio siglo, la planta ha sido parte del paisaje productivo de la ciudad, generando empleo de calidad y contribuyendo al desarrollo económico local.
El cierre de la fábrica representaría no solo la pérdida de empleos directos, sino también un golpe simbólico para una ciudad que se enorgullece de su tradición industrial y de su clase trabajadora. Por eso, la lucha de los trabajadores de la acería trasciende el caso particular y se convierte en una causa común para toda la comunidad berisense.
A la espera de una resolución
Mientras los trabajadores mantienen la ocupación de la planta y las negociaciones permanecen estancadas, Berisso contiene la respiración esperando una resolución al conflicto. Las próximas semanas serán cruciales para definir el destino de Acerías Berisso y, con ella, el futuro laboral de casi 60 familias.
La comunidad, los sindicatos y las autoridades gubernamentales continúan buscando una solución que permita preservar las fuentes de empleo y garantizar el pago de los salarios adeudados. Sin embargo, la intransigencia de la empresa y las profundas diferencias entre las partes hacen que el camino hacia una resolución satisfactoria parezca cada vez más difícil.
El conflicto en Acerías Berisso refleja el profundo impacto social y económico que la crisis industrial genera en las comunidades locales, donde cada fuente de trabajo perdida representa no solo un problema económico, sino también una herida en el tejido social de la ciudad. La lucha de los trabajadores por defender su derecho al trabajo digno continúa, con la esperanza de que la razón y el diálogo finalmente se impongan sobre la confrontación.
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